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Del 2 al 15 de junio en Alianza Francesa de Cusco (Perú)

   

Francisca Blázquez, el Dimensionalismo, o la creencia espiritual plasmada plásticamente

 


Experimenta en la luminiscencia como concepto espiritual, como clave simbólica que le permite introducirnos en un universo de amor y luz sensible. En un cosmos dotado de fuerza elegante, de considerandos de inusitada belleza. Por que su obra surge de la bondad, de la verdadera bondad contenida en el corazón, mente y espíritu. 

Es una bondad del alma, del cuerpo místico, de la esencia que la conduce con suavidad, a pesar de que es una creadora plástica llena de vitalidad y energía. 

Energética, fuerte, esencial, indaga en los espacios dimensionales, como si fueran entidades poéticas, elaboradas, sutiles, porque en lo sugerido y sensible se halla la verdad de la esencia. 

A veces intentan imponernos por la fuerza determinadas creencias, cuando lo importante no es la imposición sino la comunicación sensible, la predisposición hacia el diálogo, descubriendo nuevos estadios mentales, la fortaleza de la propia evidencia en la estructuración de puntos de vista etéreos. 

Lo biológico tiene unas pautas que aun no están estudiadas del todo a pesar de que sus mecanismos se conocen más o menos con cierta seguridad. Mientras que las creencias espirituales, la existencia del alma es un misterio y ello es así porque, unas veces por desconocimiento, otras por ignorancia, en ocasiones y épocas por superstición o por entender de forma errónea los verdaderos postulados religiosos, otras por mala aplicación de las leyes y creencias de los distintos profetas que inciden en la tierra, se ha producido un vacío entre tecnología, ciencia y creencia espiritual. Aunque, en determinados momentos de la historia, en civilizaciones animistas, el hombre de aquellas épocas si estaba en conexión y armonía. Siempre había problemas con el brujo o el chamán y el que ejercía de ‘ingeniero’ o ‘científico’ de la tribu o pueblo, pero, al final se llegaba a un consenso. Hoy, cuando las dos tendencias vuelven a recuperarse, la ciencia y la espiritualidad, que no la religión entendida como hasta ahora, el ser humano indaga en determinados casos dentro de la solución del mañana en el hoy. 

Francisca Blázquez, en sus acrílicos sobre tela, mostrando formas multipoliédricas, estructuradas, asimétricas, otras extrañas y nunca vistas, introduce haces de luz, cilindros lumínicos, luces que recorren la tela en diagonal, en forma vertical y en otras posiciones. Luces, conjuntos de luces, haces lumínicos que viajan al ritmo impresionante del amor. Porque su luz, los haces lumínicos, son paquetes de energía, que no se ven pero que están ahí. Son energía dado que tienen las propiedades de la energía. La artista madrileña cree con determinación en la ley de la causa-efecto, dado que lo que producimos en un instante se convierte en energía que interactúa y nos es devuelta a consecuencia de la acción. De ahí que sus pinturas indaguen en los misterios de la forma, en el sentido de plasmar extrañas estructuras, planetas no vistos, conformaciones de luz extraordinarias de una belleza fundamental. Nos introduce en un mundo alegórico, lleno de mensajes, de enigmaticidad y misterio. 

Su pintura es un enigma permanente porque se basa en la creencia espiritual plasmada plásticamente, en el sentido de preocuparse por mostrar la determinación de su fortaleza sensible y elaborada. Es sensible porque se fundamenta con claridad en los sentimientos y, elaborada, porque toda acción parte de una base estructurada.



     

 

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

 

 

 

  

 

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