Del 2 al 15 de junio en Alianza Francesa de Cusco (Perú)

      

Francisca Blázquez, la dinámica energética de la forma en el espacio 

 

Las formas de Francisca Blázquez están siempre en movimiento, nunca descansan, se alejan con claridad del hieratismo, porque son energía pura. En su obra pictórica el color es tratado con fuerza y determinación, planteándolo como la pica de Flandes de la revolución plástica dimensional. De ahí que incida con tanta insistencia, buscando plasmar su obra con notables y singulares contrastes de color, yendo más allá de los típicos cánones tradicionales. 

Su gama cromática es intensa, determinante y contrastada, dado que, más que buscar armonía, pretende hallar contraste en diversidad, para explorar nuevos mundos. 

Posee una actitud que va más allá de sus límites, que se interroga sutilmente, que avanza a través de formas que son planetas imaginarios, astros mágicos, constelaciones de estrellas, haces de luz blanca y amarilla, ángeles guardianes, ángeles energéticos, representaciones de bondad, de Dios o bien de composiciones que se basan en el rompimiento formal contemporáneo. Porque la creadora madrileña, autora del Dimensionalismo en 1998, autora de más de 5.000 obras de diferentes disciplinas, con 35 individuales y más de 400 colectivas en su haber, viaja a través de las estrellas, con el poder de la mente, buscando fuentes de sanación de la herida del ser humano. 

En su producción, realizada en acrílico sobre tela, destaca la dinámica energética de la forma en el espacio. Su postura y ubicación es tan sutil que cualquier cambio la puede afectar. Se trata de constituir mediante ideas, creaciones que posteriormente se materializarán y que están dotadas de cinetismo per sé. Aunque, en determinadas concentraciones formales hay confluencias energéticas, que inciden, contrastan evidenciando una fortaleza de estructuras, que va más allá de lo hierático y también del cientismo como tal.

Francisca Blázquez es puro nervio, fuerza del fuego de su corazón, emblematicidad de su alma, determinación de su espíritu, seguridad en su mirada de niña mujer que se pierde por los prolegómenos del cielo azul diamantífero, nutrido de los haces de luz de las estrellas que describen una autopista formal directa al corazón del espectador espiritual.

Su obra, exhibe fondos negros o blancos, que suponen una mayor actitud de concentración del espectador frente a su propuesta multicromática. Ello produce una lectura sensual y directa de una creación que va más allá de la descripción. 

Abstracta geométrica, con símbolos, formas y estructuras, naves, objetos y predisposiciones estructurales, abarca, indaga, constata, seduce, perfila y orienta a las formas que confluyen con sus luces y la luminosidad del universo. 

Muestra naves que viajan, ingenios extraños que planean, formas que interactúan con otras, conformando una composición asimétrica, multidinámica en la que energía se mueve con libertad en el espacio. Una idea del espacio que no es limitada, sino que viaja más allá de la anécdota, dado que la propia evidencia es singularidad de lo propuesto. 

No hay verdad, sino conjunto de verdades, de imágenes e ideas que evolucionan, que se pierden en la nebulosa de los tiempos intergalácticos, para volver a reaparecer en espacios extraños, en conformaciones zonales en las que no hay otra cosa que voluntad de consolidación. Pero su apuesta es cósmica, ingrávida, de ahí que presente formas que flotan en el espacio, lejos de la tierra, abarcando objetos que son estructuras con contenido, que, a su vez, se transforman en símbolos de la iconografía del más allá de lo específico, contenido en la efervescencia del espíritu. 



     

 

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

 

 

 

  

 

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