Luis Montull, la expresividad dinámica del dibujo escultórico

 


Los dibujos de Luis Montull se caracterizan por su expresividad, planteados dentro de un posicionamiento que destaca por sus líneas estilizadas, especialmente su última producción basada en la figura femenina. Muestra determinación y fuerza, trazo incisivo, en línea con un tratamiento austero del color, aunque no excesivamente sobrio. Domina la composición, buscando con un mínimo esfuerzo expresar un máximo de anhelos, pero sin potenciar una producción de carácter espectacular. Predominan cuerpos estilizados, que recuerdan a los personajes de Giacometti, con extremidades largas y destacadas, manos y pies. 


Las figuras femeninas poseen fuerza, se nutren de la composición, las exhibe acompañadas de flores, buscando el contraste, pero, también, la alegoría y el símbolo. Está claro que prefiere presentar un entorno sutil, sugerente y sugerido, pero dentro de una estructura sobria, austera, con presencia de los elementos justos, siendo las flores de gran tamaño, para acentuar el carácter simbolista de los dibujos. 
Presenta formas con expresión, nutridas de color, elaboradas con ascendencia, configuradas con la determinación que da el dominio del volumen. 


Describe con entereza los rasgos de sus personajes, buscando concederles la expresión más adecuada, pero sin abusar de los rompimientos estructurales, sino que pretende hallar la armonía.


Son, realmente, dibujos de escultor, en los que prevalece el volumen, aun siendo estilizados, dado que sus personajes femeninos son de grandes proporciones, altos, concebidos para interiores, a modo de pensamientos. Los idealiza, catapultando la imagen de la mujer porque es un acto de potenciación de la belleza plástica considerada sin limitaciones. 


Ante todo su determinación se concentra en la evidencia de la elegancia, en remarcar la belleza de proporciones, aunque existan rasgos no tan adecuados, pero, en líneas generales, tienen coherencia para mostrar la fortaleza de sus propios adjetivos que las definen. Cuando se detiene en los dibujos realiza incursiones hacia el más allá.


Predomina, en líneas generales, una clara sensación de paz, dado que sus personajes son alegorías de otro mundo en el que la violencia no existe, solo el perfume de las flores, el olor de primavera, la luz centelleante del astro rey. 


Sus miradas miran sin mirar porque van más allá de la senda de cristal, aquella en la que se muestra el espejo de Alicia para que todos podamos inventarlo. Hay un solo espejo pero múltiples entradas y Luis Montull conoce los secretos de todas ellas, hasta de las más insignificantes, porque son momentos, instantes, segundos de existencia en los la mirada se vuelve universal. 


En sus dibujos constatamos la presencia de un Montull más suelto, dinámico, en el sentido de dejar que sus personajes se expresan por sí mismos, revelando carácter y personalidad. Se trata de abordar la disciplina del dibujo como complemento de la escultura pero, a la vez, son creaciones que tienen un alma fuerte, que se interconectan con una actitud expresiva, en la que la acción deja paso a la síntesis. 


Humanista, su serenidad interior nos contagia, siendo un defensor de la naturalidad de las cosas, de la serena bondad que refleja en sus personajes, al margen de razas e ideologías.


 

 

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 



     

 

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