Exhibe 20 obras pictóricas del 27 de marzo al 12 de abril en el Palacio de Congresos de Madrid

 

J. Martín Rojas, de lo matérico icónico a lo expresivo totémico

   

Profundiza en lo matérico para adentrarse en lo iconográfico, en el sentido de que la densidad de la materia en su obra pictórica se evidencia a partir de la expresión de signos caligráficos, totémicos, de personajes de leyenda, que son dioses, enviados celestiales, que rigen la vida de los humanos en la evidencia de lo esencial, en lo sutil emblemático, en la esencialidad del detalle, de aquel instante que transciende, que va mucho más allá de sus limitaciones. 

Fuego, pasión, fuerza en la determinación, potencia ejemplificadora de lo sugerente, en lo luminiscente, también en lo terrenal, en la motilidad de lo visible, en lo subliminal, pero, también, en lo más acentuado, en lo primitivo evidente. 

De lo evidente, visible sensual, sugerente, por que no hay otra verdad que la que se establece entre el sutil sugerente y la sugerencia de lo vivido. Los Dioses forman parte de nuestra bóveda celestial, en el sentido de avanzar más allá de las limitaciones, para hacernos comprender nuestro comedido y la dinámica que nos caracteriza en todo momento. Si somos es decir si apostamos por el ser, es evidente que profundizamos en lo sutil evanescente, en lo fuerte, porque en la fuerza está la energía, que es pasión. Con la pasión vivimos con intensidad la vida del bajo astral, pero, también, la pasión, nos puede conducir a encontrar una puerta que nos abra el firmamento. 

No hay estrellas sino infinitos, cielos infinitos, en los que todo está explicado. J. Martín Rojas nos habla de lo divino y de lo humano, de las posibilidades de las diferentes culturas, de sus culturas indígenas, a partir de una obra bien construida, matéricamente elaborada, de colores intensos, de cromatismos pasión, de efectismos en los que destacan las figuras de los Dioses, como si fueran personas, seres encarnados, pero, a la vez, rotundas abstracciones, alegorías, simbolismos. 

Se trata de profundizar en las huellas de civilizaciones que se impulsan y nos impulsan, buscando establecer la dinámica sugerente, la fuerza de la determinación, la expresión más preclara de la evidencia de la evolución y la vida. El objetivo básico es fortalecer el legado o, la pasión en lo biológico, pero también en el bajo astral, en la dinámica de lo efervescente, para transformar materia y forma, para cambiar el color de las cosas y ser uno con todo. 

Su aportación entronca con la creación de raíces indígenas, en el sentido de recuperar mitologías y singularidades a través de la historia, para, después, interesarse por la dialéctica de la abstracción, en las aportaciones del informalismo, del art brut, del conceptual y de las elucubraciones signales. 

La iconografía es fundamental, porque se basa en lo evidente, que encierra el significado trascendente, que es sintético porque se halla a años luz de la propia terraqueidad barroca, buscando nuevos modos de penetrar en el tejido plástico, sin renunciar al pasado, insertándose en un indigenismo evidente, dentro de los parámetros del simbolismo.

El maestro mexicano es un reputado pintor y muralista, habiendo expuesto en más de una docena de países, además de poseer innumerables cargos como dirigente de artes plásticas en diferentes países. Asimismo es un teórico del denominado Eco Global Arte, concepto creado por él. 

 

 

 

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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