El primitivismo y la escultura de Marisa Ordóñez 

  

 
 

El primitivismo sustentado por la vanguardia histórica conecta con las posibilidades expresivas más íntimas de las culturas antiguas. Conexiones con el concepto de lo ingenuo que superan las limitaciones de la ecuación espacio-tiempo. Marisa Ordóñez conecta con las posibilidades ancestrales de las culturas primitivas, pero, también, enlaza con las culturas de la primera mitad del siglo XX.

Su creación posee similitudes con la obra escultórica de Henry Moore, pero también tiene componentes picasianos y totémicos. 

Lo primitivista en Marisa Ordóñez, consiste en delimitar el sentido final de las formas, dirigiéndolo hacia la vertebración de una realidad animista, que represente con pureza e ingenuidad posible el espíritu de los ancestros. De ahí que la pretendida sensualidad formal de sus esculturas tenga algo de primitivista, en el sentido de buscar la trasparencia y la inocencia, eso sí alejada de lo naïf y próxima a las culturas primitivas. Es una manera de dar las gracias a la naturaleza, a los dioses de la creación y a todas las almas de los antepasados. 

En el fondo la escultura de Marisa Ordóñez recupera, en parte, la verdadera unión del ser humano con la naturaleza y la bondad de las cosas. Presenta a la mujer en una gran diversidad de poses; en una delimitación de la verdad más escondida; como producto resultante de su poder de accionar el mundo. De ahí que sus mujeres sean grandes, con volumen, seguras, atractivas, tranquilas, serenas, ensimismadas pero honestas. No hay voluptuosidad porque existen por sí mismas, poseen la idiosincrasia de la serena bondad. 

Tienen un halo de serenidad de quien se sabe poseedor en todo momento de la razón, no en base al desarrollo de una actitud de poder, sino en función de la expresividad del momento; del dejar fluir los sentidos, dirigiéndolos hacia estados de la conciencia especialmente libres de concomitancias negativas. 

La mujer no busca el poder sino la libertad, es transportadora de sentimientos, posibilitando el verdadero autoconocimiento. De ahí que nunca emplee, si es posible, ángulos rectos. 

La línea recta es símbolo fálico, es la representación del poder, corresponde a la fuerza del guerrero, está en línea con la energía y la dominación. La mujer es belleza, contemplación, certeza, espiritualidad, maternidad, sabiduría, bondad, imaginación y creatividad. 

La sociedad del futuro es imaginativa, dotada de creatividad, con gran potencial espiritual y con la sensibilidad puesta en los avances tecnológicos. De ahí que las mujeres representadas por Marisa Ordóñez en su obra parecen mirar al futuro. A ese futuro dotado de razón y ciencia. A ese futuro singular y único, especial, en el que la mujer, gracias a la tecnología, desarrollará un papel fundamental y sin discriminaciones, a la par con el hombre. De ahí que en su obra Marisa entronca la idea de la mujer dentro de una actitud primitivista, dado que busca las raíces, su pasado, para poder analizar mejor su evolución. La mujer es el símbolo de la transformación del mundo; libre de cortapisas, sin las losas de la Edad Media y con un inminente cambio mundial espiritual en ciernes. La creadora, afincada en Barcelona, entiende que hay que estar en armonía con las necesidades del hoy en la creación escultórica para construir el futuro e implicarse como artista.

 

 

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


     

 

 

 

 

 

 

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