LA EXALTACIÓN DE LAS ARTES 
    

Colección Santander Central Hispano

   

Del 10 de junio al 20 de julio de 2003 el Santander Central Hispano presenta en la Sala de Exposiciones de Marqués de Villamagna, 3 de Madrid, alrededor de un centenar de piezas, seleccionadas por José Manuel Cruz Valdovinos, que abarcan del XV al siglo XX, destacando dos magníficos cuadros de El Greco, las propuestas de Tàpies, Miró y Picaso, las esculturas de Chillida y las obras de Lucas Cranach, Van Dyck, Francisco de Zurbarán, Juan Valdés Leal y Diego Polo. Dicha exposición, 'La exaltación de las artes', se denomina así dado que es el titulo de un tapiz belga que es mostrado en lugar destacado en la muestra, realizado en el obrador de Jan Leyniers, donde se exhibe la laboriosidad y el culto al detalle, dentro de la contención formal aparente, aunque preciosista. La colección del Santander Central Hispano, y más concretamente las obras seleccionadas, aunque pretenden constituir una panorámica de las artes, tiene el acento puesto en la parte más histórica de sus fondos. Así constatamos la presencia de obras del XVI, del barroco de nuestro país, obras de flamencos exhibidas a partir de paisajes con figuras y bodegones, además de los retratos que rozan el perfeccionismo más preclaro. Por otra parte, es de destacar la presencia de obras de grandes maestros nunca expuestas por la entidad bancaria hasta ahora, entre las que señalaremos a 'La predicación de San Juan', de Lucas Caranach; 'El obispo Jan van Malder', de Antón Van Dyck y 'La Virgen niña dormida', de Francisco de Zurbarán. 

    
En 'La exaltación de las artes' existe un predominio de la pintura y el dibujo, seguidos de la escultura, tapiz y cerámica. Todo ello completado por la presencia de 24 piezas seleccionadas por el Departamento de Numismática y Medallística del Museo Arqueológico Nacional, pertenecientes a los extensos fondos numismáticos de la Colección, exhibiendo un recorrido cronológico de la historia y evolución numismática: de las monedas griegas de Empuries, datadas en el siglo III a.C., a los escudos del rey Fernando VII, del año 1813.

   
El diálogo entre El Greco y Tàpies

     
El Greco (1541-1614) está representado por dos obras importantes que son el 'Cristo agonizante', realizado en la última etapa del pintor (1604-1614), caracterizado por su expresividad contenida, su culto melancólico a la esencialidad y a la evanescencia de la propia existencia. Verdadera obra emblemática de la espiritualidad de esa época. Mientras que su otra aportación, 'La anunciación', de 1614, coincidiendo con el fin de su existencia, constituye una elaborada aportación a la mística religiosa, a la esperanza universal. Esta obra se caracteriza por el culto al detalle, la deliberada sumisión del color al concepto, introduciendo un planteamiento de gran armonía en el que lo importante es la idea general de la concepción. Mientras que la creación de Tàpies, titulada 'Materia ocre sobre tela virgen', realizada en 1969, es una obra basada en la pureza de la esencia de la materia. El pintor catalán trata de alcanzar el discurso místico a partir de lo concreto, porque de la materia evoluciona a un planteamiento evanescente. El Greco emplea la imaginería religiosa, el discurso formal y los personajes que nutren el ideario cristiano; mientras que Tàpies conecta con el cosmos universal, con la idea de trascendencia, sin referencias, empleando lo no concreto. Ambos autores dotados de gran espiritualidad, siguen caminos distintos para llegar a un mismo fin: el concepto de trascendencia, en el sentido de buscar lo no material para encontrar un sentido elevado a la existencia.
          


Los dibujos de Anglada Camarasa
  
En la disciplina del dibujo destaca la aportación de Anglada-Camarasa con su serie de 'Bailarinas de can-can' y los apuntes de caballos, ambas realizadas entre 1900 y 1901, destacando por su fuerza y la seguridad de trazo, la densidad de lo dibujado, dentro de una facilidad de movimiento. Asimismo constatamos la presencia de las obras tituladas 'Ramas', de años posteriores, concretamente del período 1920-1925. En esta misma disciplina podemos admirar también la obra titulada 'Cantante de cabaret' de Isidre Nonell, realizada entre 1897 y 1898; la creación 'Tête rigueur' de 1936, obra de Julio González o el boceto decorado para 'Numancia' de Cervantes en 1936, de Alberto Sánchez.

   
El espacialismo de Chillida
      
Eduardo Chillida está representado por dos esculturas realizadas en el período 1960-1969 en el que tanto 'Toki' como 'Rumor de límites VII', constituyen una apuesta por el espacialismo, la corporeidad de lo espacial como elemento plástico y la elaboración de la teoría del vacío como fundamento profundo que aporta una reflexión paradigmática en torno a la producción escultórica del creador vasco. Chillida muestra la persistencia de lo subliminal, en el sentido de emplear la materia para construir el vacío, dentro de una dicotomía en la que la armonía es la apuesta fundamental para entender el equilibrio. Hay una idea de movimiento formal, de estructuración cinética, de apuntalamiento de lo sugerido, en el marasmo de la materia de la escultura.

     
Existe el vacío como contraposición, como producto resultante de una apuesta claramente de volumen. De ahí que Chillida, de la misma forma que hace Tàpies en su obra pictórica, es un buscador de lo trascendente. Pero Chillida parte del vacío, para llegar a entender que la materia es también espíritu, porque sin los polos opuestos no hay existencia. Por su parte Tàpies precisa de la materia para espiritualizarla y convertirla en un discurso inmaterial por desarrollo directo.

  
Cerámica de Alcora y tapices belgas
    
Tapiz y cerámica, completan junto con la numismática la colección seleccionada de la entidad bancaria, destacando las realizaciones de la Manufactura de Bruselas, T.J. Leyniers, creadas en 1660, una de ellas titulada precisamente 'La exaltación de las artes', que da titulo a la exposición, considerada como esplendor máximo, como foco de potenciación de lo creativo, entendido en su concepto global. Otro tapiz emblemático es el 'El viaje de Príncipe', de 1700. 

       
Respecto a la cerámica de Alcora, se exhiben piezas pertenecientes a la primera y segunda época. De la primera señalaremos la bandeja, con influencias de Rouen, siglo XVIII y la fuente, serie Chinescos del período 1735-1760. De la segunda época piezas emblemáticas son el aguamanil, de la serie Rocalla y los jarrones ornamentales del mismo período de tiempo. 
En definitiva, se trata de una exposición que dialoga entre el romanticismo y el barroco, la elucubración religiosa y el culto místico, pasando por las aportaciones clásicas y los planteamientos renovadores, dentro de un discurso artístico en el que predomina la contención, la obra elegante e intimista, eliminando las aportaciones más comprometidas con la experimentación, organizando la muestra en torno a creaciones cumbres, de gran academicismo, o bien a partir de obras contemporáneas singulares pero estructuradas a partir de discursos elaborados.

      
Joan Lluís Montané


        

 

 

 

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