Del 16 al 31 de marzo de
2007 expone en el Palacio de Congresos de Madrid pintura y escultura
Roberto Dell’Acqua, la magia de
Ananda y la suerte, Dominguin y los balcones barrocos
Antes fue arquitecto, ahora es pintor y escultor, pero de la arquitectura le queda su capacidad escenográfica de concebir la obra.
Indaga en los detalles de personajes y elementos, temáticas y seres, ubicándolos
en épocas y culturas, o bien traspasando fronteras universales. En su obra no
hay tiempo, porque, aunque posean sus creaciones referencias concretas están al
margen del mismo, como suspendidas en el acontecer.
La obra pictórica y escultórica que presenta del 16 al 31 de marzo en el Palacio
de Congresos de Madrid se recrea en los rasgos de una parte de la cultura
española del sur, donde emerge magnificente la figura de Ananda, la bruja, la
maga, la que realiza sortilegios, hablando con espíritus de otra dimensión, que
se encuentran en zonas al margen de la realidad física convencional. En este
contexto Ananda se convierte de maga en gitana, de personaje del Sur en
personaje ancestral, donde el amor se halla y se expande. Porque solo pueden
expandir la energía aquellas personas dotadas de equilibrio armónico interior,
que se sustenta en la base de lo fundamental, allá donde la persistencia de la
memoria no puede intervenir, porque no se trata de una acción que pueda
controlarse a nivel mental. ‘El Búho’ es otra obra dentro de los mismos
parámetros, evocando la suerte, la superstición en la suerte, encarnada en la
figura de un búho que se halla enmarcada cual tótem, que es dador de energía,
comunicador y canalizador. El problema es canalizar la energía para poder ser
efectiva en todo momento. Se trata de avanzar hacia la coherencia del aquí
ahora, conectándose con la energía universal y concentrarla en un punto para una
acción concreta. Mientras que en ‘Balconi’, ‘Balcones’, estos recuerdan el
barroco de Madrid, la exhuberancia de la vida, de la esencia de la controversia
que se nutre de fuerzas distintas, que se hallan en la voluntad de la
transformación.
Todo está en movimiento, no hay nada estático, al margen de la dinámica, sino
todo lo contrario. Mientras que en ‘Gilet cósmico’ vuelve a su obra más
internacional, a la ironía, a la elucubración con el laberinto y sus
interrogantes, a constatar que, además de la visión convencional de las cosas,
existe la que interpreta las mismas, buscando otros desarrollos, eminentemente
lúdicos, como es el caso del ‘Il Jiardino delle Farfalle’ o la de ‘Immobiliarista’,
donde el buen humor de esta última no deja de ser drástico, ácido y
decididamente directo.
Las creaciones que podemos contemplar en Madrid combinan un sentido misterioso
de la existencia acompañado por personajes esotéricos, con determinadas obras
que se sustentan en los pilares de la tradición, según su visión. Y ambas, con
su punto de vista personal ante la vida, exhibiendo un sano sentido del humor,
con una forma de trabajar que prima lo escenográfico por encima de lo visual
estético. Tiene que alcanzar el paroxismo para mostrar la fuerza de la
determinación que lo devuelve a la propia evidencia.
La vida para Roberto es un ejercicio de soberbia propio, marcada por su actitud
sublime ante lo circunstancial, convirtiéndola en acto de pura magia. Mientras
que ironiza con relación a lo importante, distanciándose, porque para el creador
italiano lo fundamental de la vida es ser coherente con el interior de uno,
pero, a la vez, tener la suficiente capacidad de autoestima como para
distanciarse de lo fluctuante.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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