En Casa do Brasil, del 24 de marzo al 3 de abril en la capital de España

 

Purificación Barbero, paisajes, personajes, evocaciones y recuerdos

  

Sus paisajes se pueden dividir en dos etapas, la brasileña y la española, ambas complementarias, pero en este sentido, distintas. Su etapa de paisajes brasileña se caracteriza por profundizar en la sensualidad del color, en presentar aspectos parciales en los que se contemplan barcos, barcas y el mar, siempre en calma o en movimiento, con el sol, la vegetación y la austeridad combinada con el rigor. El resultado son paisajes que profundizan en el entorno personal de la artista, que se mecen en un sueño reparador, como si estuvieran interesados en captar momentos para la evocación y el recuerdo. 

A pesar de que su paleta es variada, está claro que parte de una cierta posición de notable austeridad, porque es concisa, tendente a la síntesis cromática, aunque el color posee un notable protagonismo. La etapa de paisaje española es menos colorista, manteniéndose dentro de un rigor austero, exhibiendo temáticas, desde ángulos especiales desde los que se puede vislumbrar el mar y el paso de los barcos o bien escenas de la localidad que le vio nacer hace un tiempo en España. Asimismo, sus fondos marinos, sus flores captadas en primer término, sus elucubraciones de los ríos y montes, personas andando, personajes que están y son, o bien que fueron y serán, todo ello combinado dentro de una pléyade de sugerencias. 

Cuando se suelta, lo lleva a cabo sin considerar las limitaciones que le afectan, yendo más allá de sus posibilidades, anhelando fuerza y determinación en los hechos, conformando una dinámica en la que lo importante es su capacidad de evocación poética libre. 
 
Tiende a controlar la obra, a considerar sus límites, a elaborar una determinada evidencia cromática planteada con precisión. Pero la pintura precisa libertad, espacio, saber donde tiene el horizonte, donde está la posibilidad de cambio, para que el color se exprese, las formas se unan con naturalidad, la composición se asiente con soltura y el color sea un índice de creatividad.
 
Sus flores en primer término, constituyen un ejercicio de aproximación plástica al detalle, buscando el culto al color, la superación de la gama de tonos, para ir más allá del dibujo, posicionándose en la facilidad que tiene de cambiar de técnica. Curiosa nata, dotada de la sensibilidad y reflexión del artista que posee un don para la experimentación, no renuncia a sus límites, porque es vivencial, aunque cauta.
 
Sus obras en las que se destaca la presencia de barcos poseen un cierto encanto romántico, de presencia y vivencia, de ausencias pero a la vez de viaje. En el fondo Purificación Barbero está buscando presencias en las ausencias, en los caminos, gente, pero también ausencias. En las marinas barcos, pero también se intuyen las almas que vagan por el ambiente, que están navegando por el cielo. Mientras que las flores son un canto a la alegría, considerando, en primer lugar su visceralidad a través del color. Pero, está claro que la armonía de todo el conjunto constituye la suma de una vida dedicada a la pintura y la cerámica –aunque en esta muestra no podremos contemplar sus habilidades en esa disciplina- de una mujer que capta grandes cosas, pero que, prefiere decantarse por la austeridad y la técnica. De todas formas ahí queda su vocación e intenciones, que surgen de la propia esencia de las cosas que le interesan, dentro de un mundo personal, familiar, donde la naturaleza y los viajes forman parte de su idiosincrasia.

 

 

 

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 

 

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