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Félix Navarro, la identidad del elemento en el contexto

 

 

 

Félix Navarro, indaga en la materia, en la densidad de las texturas contrastadas, buscando la consistencia de la propia evidencia. 


La materia es existencia, consistencia, elemento concreto, definido por una serie de propiedades y características sutiles o no. Existencia basada en la propia dinámica de la evidencia, aquello que se ve. Claro está que es la parte exterior, entendida como densidad matérica, es decir la capacidad de recrearse en las texturas. 


Predomina el aspecto externo, porque el entramado que interesa al pintor son las formas, empleadas como excusa para relatar estadios más sutiles de la conciencia. Pero, primero, fija la identidad del elemento en el contexto. Elementos que pueden ser, entre otros, una ventana, la puerta de una casa, ropa tendida, un paisaje. Luego, una vez coloreados, marcados, prefijados, si damos una visión general a su composición pictórica, nos percatamos de todo lo que abarca, hablándonos del silencio de los momentos, de la relatividad de los instantes, de la soledad. 


Hay soledad, pero no aislamiento, es decir que nos habla de un estado anímico en el que la desazón no gobierna, sino que está en función de varios momentos. Todo se reduce a los momentos, a saber captar el alma de los instantes, que no queda fijada en las cosas, sino que se comunica a través de ellas, o mediante el contraste con ellas, para desarrollar una visión amplia y generosa. 


Somos lo que sentimos y observamos, más allá de lo que vemos, porque el sentir abarca, tanto las funciones consciente y subconsciente de nuestra mente; asimismo el sentir tiene que ver con el corazón, hierve la sangre, se produce emoción en el centro emisor que es el cerebro, traspasando dicha vibración el dominio de las neuronas para emitir, por impulsos, a través de los nervios. Después pasa dicha sensación-emoción a todo el cuerpo, se refleja en la sangre, fluye, evoluciona y se transforma. Es la plasmación del sentimiento, la dialéctica del sentimiento a través de la composición.


Pintor de estados de la conciencia, emplea la materia porque necesita sentir el peso de la vida, gozar de la existencia, darse cuenta de la densidad que fluye, de la posibilidad de ir más allá de la apariencia, para, adentrarse, sin limitaciones, en los prolegómenos de la propia evidencia. Somos lo que vemos, sentimos y comemos. 


Indaga en la consideración de los limites, que, una vez superados, ya no son límites. Se trata de definir otra realidad, a partir de la forma externa. 


La forma, sus composiciones de paisaje y sus obras con elementos compositivos, son austeras, aunque la gama de colores es muy contrastada. Ello no supone que vaya más allá de lo sutil, que si lo hace, a veces, se recrea con la contundencia de lo real.


Está interesado por la materia, que emplea como base, perfilando una obra coherente, que evoluciona porque el elemento se erige en protagonista, aunque no describa la realidad, sino que lo que hace es abrirnos las puertas de los secretos, de los enigmas contenidos en la piel de los iconos y símbolos. Es decir que nos habla de ausencia, de recuerdo, de futuro no previsto, de otras realidades, de estadios de la conciencia. Serena verdad, bondad omnipresente, calidez pero, al mismo tiempo, severidad, complejo enigma de la existencia que no desentraña, sino que lo presenta, como si fuera un recurso más, pero, es, en el fondo, el recurso primordial que hace que todo cobre sentido.

  

 


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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