Expone 15 obras de
acrílico sobre tela en el Palacio de Congresos de Madrid
del 3 al 15 de diciembre de 2007
Marisa Marconi, la búsqueda de la presencia
La artista transalpina
presenta 15 obras, realizadas en acrílico sobre tela, en formato de 100x100 cm.,
en el Palacio de Congresos de Madrid, España, emplazado en Plaza Joan Miró, de
Paseo de la Castellana, 99. La inauguración es el próximo lunes día 3 de
diciembre a las 20.00 horas en la Sala Joan Miró del Palacio.
Marisa Marconi se encuentra en permanente búsqueda, como si toda la vida
estuviera enfocada a descubrir secretos. Y esta actitud también se refleja en su
obra multidisciplinar: medallística, joyería, grabado, escultura y pintura.
La exposición que presenta en el Palacio de Congresos de Madrid en julio de 2007
se basa en una serie de pinturas de 100x100 cm., fundada en la dinámica de la
introspección, en el juego de sombras, en la exhibición de indicios de
presencias, de configuraciones etéricas, otras menos vibrantes, menos evidentes,
pero más sutiles.

Su obsesión es hallar la luz en la oscuridad, ser testigo de una búsqueda de la evidencia en la complejidad del momento. Todo depende de instantes, de vibraciones, de concentraciones energéticas, de momentos especiales en los que lo más importante es saber ver el alcance más sugerente de su subconsciente, pero también el objeto de su meditación.
No todo lo que pinta procede del subconsciente o bien de la mente consciente,
sino que también introduce una parte de su atención hacia la esencialidad
procedente de sus instantes de no mente, de hallarse frente a un cristal dorado,
a una lámina de agua transparente, viajando sin pensar, buscando ser uno con el
todo, ser uno con la unicidad, estar en el ser, en la posibilidad del ser.
Sabe que la existencia es diversa, que la biología pugna por posicionarse, en
ocasiones prescindiendo de forma errónea de la vida de los demás.
La existencia es respeto absoluto, ninguna ideología que se sustente en la
muerte de nadie es válida.
Se han dicho y hecho cosas terribles en determinados momentos históricos fruto
de que los dirigentes, los políticos de turno, sean revolucionarios o no,
conservadores o no, lo han tabulado todo a través de sus ideas mesiánicas. La
tendencia al mesianismo cuando se ostenta el poder, a la depuración política, a
la represión, bien sea de un signo o de otro, en nombre de algo o de alguien,
hace que todo se rompa como una frágil vasija de cristal de Bohemia.
Por eso en su obra no hay ideología, no existe el partidismo, se aleja de los
eslóganes, del arte social, de la creación que se pretende laica, para
adentrarse en la complejidad de la existencia.
Supera el laberinto, buscando la determinación consecuente, la esencialidad
recurrente, la fuerza del destino, porque sabe que no hay misterio, sino que
existe el enigma que se halla en el misterio. Pero todo es cuestión de caminos,
de ser coherente con la vibración. Si uno despide energía de algo voltaje
conectará con esencias y evidencias situadas al mismo nivel. Es un aprendizaje,
un camino que hay que recorrer, pero para cada persona es distinta, aunque todos
somos uno. Aunque no somos uno impuestos políticamente, no somos la unicidad por
orden del dirigente de turno, porque si nos convertimos en uno nos transformamos
en materia guiada, no en espiritualidad libre. De ahí que sus obras transpiren
libertad, esencia, sean especialmente evidentes, dentro de un discurso
abstracto, con predominio de difuminados, de claro oscuros, de gama de negros y
blancos, de evidencia y de controversia energética.
No hay un guía que mande a nadie, nosotros somos nuestros propios guías. La
lucha por el poder destruye, ha destruido y destruirá a la humanidad. Es un
problema latente que aún no hemos sabido afrontar con éxito.
Cuando la ideología que sea se convierte en poder se pervierte su propia
esencia. Las ideologías tienen que reconvertirse en sabiduría, porque en la
sabia bondad reside la luz del espíritu.
La luz no entiende de fronteras, se sitúa al margen de estructuras de poder,
aunque, todo está penetrado por su semilla. Si exploramos un poco vemos la luz
del espíritu en cualquier acción o ideología, el problema es que nos dejamos
llevar por el espejismo, la falta de ordenamiento armónico con nuestro interior.
Si un dirigente consigue revolucionar un país pero, en su acción, debe reprimir,
matar, encarcelar, oprimir a sus adversarios directos, está claro que su
revolución se convierte en algo vacío, sin sentido, como si fuera un fantasma
que vaga por el espacio interdimensional.
La artista transalpina indaga en la fenomenología de la vibración, entiende que
el inconsciente colectivo contiene todo tipo de ideologías y pensamientos y
estos, se materializan según sea su potencia o la necesidad del momento.
Si todo lo existente posee energía, si la realidad en la que vivimos, aunque sea
en la dimensión material y emocional, además de la mental, no se abre a otras
percepciones no habrá evolución más allá de las necesidades materiales.
Si los ideales individuales y colectivos se convierten en motivo o excusa para
matar o discriminar habremos fracasado. De ahí que en la creación pictórica de
la creadora italiana se navegue por un mundo proceloso de sombras, de
presencias, que son energías, seres, almas, espíritus, seres de luz, seres
situados en mundos intermedios, energías y vibraciones que capta, porque están
ahí aunque no las vemos.
Se trata, en líneas generales, de presencias, de evidencias, que se nutren de la
formulación mágica de la visibilidad de su esencialidad, en el aspecto de
constatar que la forma de la apariencia, de las presencias nos permite entrar en
otras dimensiones, a partir de un posicionamiento espacio-temporal, que, por
otra parte, habremos de superar para alcanzar nuestros objetivos últimos.
El espacio y el tiempo son importantes en un contexto donde es preciso
cuantificar y determinar la materia, pero, no lo son tanto, cuando se trata de
establecer conexiones con dimensiones no materiales, o por lo menos, de una
materialidad sutil, poblada de evidencias, de presencias que se insinúan pero
que no delimitan su radio de acción.
Hay dimensiones físicas y espirituales, también dimensiones intermedias, que son
las que Marisa refleja en numerosas ocasiones en su creación pictórica.
Viajera de las sombras, buscadora de la luz, maga de las presencias, pintora
sutil que se armoniza con la otra realidad, que sabe superar la ambivalencia de
los laberintos para hallar la salida, pero, siempre sabiendo que, más allá de
sus limitaciones, están otras delimitaciones y otros posicionamientos más
abiertos. Es decir que, a pesar de que todo está interconectado, no está tan
claro como a veces nos empeñamos que sea.
Abrimos las puertas de una determinada investigación para mostrar los
resultados, pero estamos condicionados por sus características, aunque si no
pensamos, si nos dejamos llevar, la intuición nos permite viajar a mundos
insondables a universos paralelos, a estadios donde lo esencial es
circunstancial y lo circunstancial se vuelve esencial. Somos esencia, materia y
luz, pero siendo, ante todo, el ser, que es presencia, pero no solo eso.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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