Expone en la calle Principado
de Asturias, 28, en el Centro Cultural de las Rozas ‘Díaz Caneja’,
del 17 de abril al 15 de mayo de 2008
Luis Guerrero, la escultura que indaga en el misterio de la existencia
El escultor conquense Luis
Guerrero expone en el Centro Cultural de las Rozas obra escultórica basada en la
dinámica de la biología, en formas orgánicas, otras que son o asemejan la
maternidad, alusiones más o menos veladas a la figura de la mujer, pero sin
describirla.
En líneas generales su apuesta es
biológica, con formas orgánicas, con predominio de la forma curva, la
sensualidad de la curva, permitiéndose indagar en lo fundamental, que es el
núcleo que da sentido a la vida.
La existencia es energía, y, como tal, forma parte de la transmutación
constante, de ahí que el movimiento acompañe sus esculturas.
Se aleja de lo hierático, de la solidez formal, porque quiere instalarse en un
concepto que transmita energía, desarrollo y cambio.
El nexo de unión entre el cambio y la vida pasa por la materia orgánica, que es
quien realmente transforma de manera directa lo existente. Pero, también, es
consciente de que existe algo más, de que tenemos un punto de partida basado en
la iluminación espiritual, en la transformación lumínica que es quien mueve el
mundo.
Todo lo existente es materia y espíritu, porque es como si la materia no tuviera
energía, sería absurda su existencia. Es decir que, incluso las grandes
cordilleras están en movimiento permanente y hemos visto como estribaciones
montañosas que antes ocupaban grandes extensiones y alturas de la superficie
terrestre hoy se encuentran en el fondo del mar.
El movimiento es el que da sentido a la vida, porque todo lo existe se
transforma. Si no se produjera transformación no habría vida.
La vida es la propia evidencia de que la transformación energética es
fundamental. Cuando nos morimos, es decir, cuando nuestra alma abandona el
cuerpo, pasamos a una dimensión astral, donde se mantiene la apariencia de
cuerpo, pero este ya no existe. La materia es menos densa, vamos camino de lo
fluido. Lo mismo ocurre con nuestra evolución como seres humanos en la tierra.
Nacemos, pasamos por diferentes etapas: infancia, adolescencia, juventud,
madurez y senectud. De lo vital y denso, al equilibrio y, luego, a la fluidez
para volver a empezar dentro de planteamientos claramente espirituales.
Estamos de paso, de ahí que Luis Guerrero afirme en su obra escultórica la
importancia del volumen, que es la materia, es decir lo concreto, para
evolucionar.
Sin materia en la tierra no se podría evolucionar dentro de los parámetros
humanos, a no ser que nos convirtiéramos en seres de luz.
Luis Guerrero apuesta por la biología, por la existencia, es decir por la vida.
La vida como acto supremo que nos convierte en actores de un film interminable y
que se repite generación tras generación.
La evolución nos permite crecer y madurar para, luego, poder escoger el camino.
La esencia es una cuestión de caminos, senderos, sendas, actitudes y motivos.
Cada uno escoge una determinada dirección o direcciones, pero hay que tener en
cuenta que, a menudo, el destino cambia nuestros propósitos.
Lo que sí está claro es que la existencia es vida, la vida es intención y esta
es energía. Con energía y determinación hacemos posible la existencia, que no
sería nada sin la biología. Pero, tampoco tendría ningún sentido apostar por la
biología si al final del camino no hubiera nada. Siempre hay lo que tiene que
haber, al margen de partidismos. La superación continua de pruebas nos conduce,
finalmente, a una realidad laberíntica y compleja, pero, a la vez, firme en las
convicciones.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
(AICA)
|
© 2005-2008 www.franciscablazquez.net |