Francisco Mora. Sistemas Urbanos, Espacio de Soledad, Los Caminos del Sur
                        


Francisco Mora investiga en los Sistemas Urbanos las razones de la biología, las trazas de la materia, de la densidad que en sí misma contiene, fructificadora de singularidades cromáticas, expresiva, concentrada en la intensidad de lo sensual insinuado. Los Sistemas Urbanos, bien sean grandes ciudades, ciudades medianas, pueblos, ciudades intermedias, puertos, bahías, cultivos, todas ellas son zonas que configuran una base a partir de la que el ser humano insinúa y se resitúa buscando desarrollar capacidades que le permitan crecer y aposentarse. 

Las ciudades de Francisco Mora son conurbaciones geométricas, vistas desde la perspectiva vertical, que desde una posición elemental en vigor, halla la explicación de sus anhelos a partir de planteamientos expresivos, de formas que delimitan, concretan, definen espacios, cada uno de ellos formando parte de una conjunción mucho mayor. Se trata de visiones que presentan la geometría de los espacios urbanos, con sus rectángulos, cuadrados, elipsis, circunferencias, semi-circunferencias, zonas triangulares, tratadas tanto al óleo como al acrílico con sutil sensualidad, empleando dosis controladas de materia, sin especificar excesivamente su destino, sino ahondando en aquellos ángulos precisos. 

Trata de encontrar, a partir de un discurso geométrico, una visión expresionista formal, basada en colores calientes, contrastados, de gran sensualidad, que nutren y determinan geometrías urbanas. También, a partir de la geometría, expresa su voluntad de dominar el mundo, de determinar sus alcances, de avanzar hacia la propia evidencia de lo concreto, sin pretender saltar la verja de la verdad, sino escondiéndose en lo emblemático efímero, como el sacador de fuego y su trabajo en joyería. 

La imagen vertical que emplea le permite ver desde el aire los planteamientos urbanísticos que, en su discurso plástico, se convierten en propuestas biológicas, vitalistas, en fenómenos próximos a las esencias de la persona, como si fueran evidencias de su existencia, pero sin tener necesidad de describirla. 

Mientras que su producción de creaciones plásticas tipo Espacio de Soledad, ahonda en lo simbólico, en el poder de lo referencial, en este caso una mujer desnuda, entendida como templo de soledad y aislamiento, como elemento introductor a un mundo personal, en el que no hay visceralidad, sino un creciente sentimiento de sensualidad, potenciado por el tipo de personaje empleado. Todo ello, aunque sea mera alegoría poética, estado de catarsis del alma, que se mira a sí mismo, que se contempla a partir de lo emblemático, de lo sutil envolvente, que se halla en lo real pero, a la vez, en el onirismo, en el aspecto subjetivo intrínseco de la persona. 

Espacio de Soledad, que también siente el cronópio urbano de las grandes urbes, en mitad de los edificios, en medio de la calle, contemplando la fuerza determinante del color, la intensidad del viraje, la fortaleza de lo sutil. 

Somos seres que estamos allí y aquí, que caminamos y, -como nuestro protagonista chileno-, andamos por los caminos del Sur, representándolos con obras geométricas, planteadas con una delicada sensualidad del color, buscando armonizar formas y tonos, aglutinando, sin sobrepasar, los límites de las percepciones de lo equilibrado, siempre en busca de lo último, de la parte escondida de quienes están siempre en libertad, volviendo a la tierra prometida, encajando piezas de un puzzle que ya se ha recompuesto en otras ocasiones.

La explosión vitalista lo inunda todo, la energía mueve mayas incontables de sugerencias matéricas, volviéndose sutil, encarecidamente corpórea y a la vez inmaterial. Es juntar en una misma posición una actitud que es suma de distintas concepciones.

Su obra pictórica parte de la expresividad, fomenta la abstracción, es sutil con la geometría, encadena hilos invisibles de belleza tonal, buscando, a la par, las gotas de poesía que desgrana la vida en su caminar diario, reconociéndonos como portadores de una actitud que va más allá de la soledad, que viaja al margen de uno mismo, que se identifica con la ejemplaridad de lo absoluto, a partir de la unicidad en lo propio. 

No hay afán egoísta en su trabajo creativo porque no solo se escucha a sí mismo. Además su creación va más allá de la descripción y la geometría, dado que hunde las raíces en los sentimientos, que son uno y múltiple, personales y globales, pero siempre conservan una parte de la esencia que es singular porque somos únicos. Su pintura es una suma de ingredientes que surge de su capacidad de reconocerse a sí mismo como la parte principal de un ensayo que se ejecuta innumerables veces. 

Se trata de sumar, de aglutinar estadios matéricos, de volver a posicionarse a través de las formas, para hallar formas nuevas. Sus sugerencias son sutiles, no se basan en actitudes mentales, sino en comportamientos viscerales, que luego, tamiza, reorganiza, adecua a las circunstancias. De ahí que su creación esté permanentemente controlada, como si fuera un inmenso mapa en el que todos sus elementos corresponden, por algún motivo, al engranaje general. 

No hay individualidad, sino suma de individualidades que conforma una gran visión común a todos. Ahí radica en cierta manera el secreto de la propia libertad: saber ver hasta donde podemos llegar, actuar considerando a los demás, emprender negocios para ser distintos, ahogando las penas a partir del establecimiento de actitudes que intentan y logran comunicar una mentalidad global federada y solidaria.

Tiende a viajar por los caminos del sur, porque son los que están abiertos a los cambios, a la transformación permanente de sus objetivos, convirtiéndolos en fragmentos de deseos. El Sur es singular, porque es auténtico, pero también existe a la par que el norte, que es sugerente, para poder armonizarse en un planeta binario como la tierra. Se trata de unir energías que se producen en todas partes, para ir conformando la gran energía, suma de todas ellas. Pero todo ello llevado a cabo, dentro de una gran libertad de planteamientos, porque como su propia pintura nos comunica, todo existe en función de la dinámica de la existencia. 

Interactuamos porque emitimos sensaciones, sonidos, percibimos sonidos y recibimos sensaciones. La energía es de ida y vuelta, nunca desaparece, siempre se transforma. De ahí que, aunque las grandes urbes, las ciudades en general, o los pequeños núcleos, sean diferentes a simple vista, aún lo son más vistos desde el cielo, delimitándose su verdadero alcance, realizando una auténtica radiografía de su psique. Dime como estás estructurado y te diré quien eres y lo que eres. 

Los crecimientos irracionales y especulativos obedecen a un afán de lucro, pero, también, a la supervivencia. Mientras que lo delimitado, la formulación de espacios controlados, son consecuencia de una actitud de control, de una necesidad de armonizar la existencia con lo material. No hay lugar para la duda, sino para la poesía y esta viaja a los intersticios de la propia eficacia de lo real. No existe lo real, lo que de verdad importa es la facultad de ser imaginativo. De ahí que los Sistemas Urbanos sean humanos y sensibles, el Espacio de Soledad, el remanso de paz y los Caminos del Sur, la iniciación al viaje.

 

 

  
 
Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
 

 

 

 

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