Francisco Mora: Sistemas Urbanos, percepciones expresivas, vibraciones energéticas tangibles
                        


La serie pictórica del creador chileno denominada Sistemas Urbanos surge de una necesidad que tiene el artista de contemplar el entramado básico de la persistencia de la existencia humana moderna desde perspectivas geométricas. No busca la síntesis, sino que desarrolla los detalles que componen la evidencia de la estructura, conformando líneas, conjuntos de elementos incluidos en la base. De ahí que, en ocasiones, domine una idea expresionista cromática intensa, tanto en sus composiciones al óleo como en su producción de telas acrílicas. 

Está claro que en su obra hay una idea básica dominante que es la percepción de la base, que origina el desarrollo moderno, que define arquitecturas que, en primer plano se observan de una determinada manera, mientras, que, una visión a mayor distancia, en vertical, produce un resultado completamente diferente. Capta las entrañas, se sumerge en los intersticios, disfruta con las conformaciones pictóricas sensuales de casas, árboles, estructuras arquitectónicas de diversa procedencia. 

Existen actitudes diferentes, conformaciones distintas, estructuras y planteamientos compositivos sensuales, como por ejemplo, los correspondientes a los campos de cultivos trigueros, en los que se vislumbran árboles, líneas sensuales, que acarician el horizonte, como queriendo establecer un manto protector, sugerente, sensible, que se conjuga y armoniza con los tonos cromáticos y las formas sinuosas. 

En otras composiciones su visión va más allá de lo meramente arquitectónico, dado que se explica a partir de posicionamientos sutiles, pero, bien posicionados, en el fondo y en la forma también, orientados dentro de determinados emplazamientos específicos fundamentales. 

Hay una base, que luego, crece, se desarrolla, expandiéndose hacia otras percepciones emblemáticas. Lo singular reside en su radio de enfoque, dado que no se aproxima desde el plano horizontal, tampoco emplea técnicas descriptivas, asimismo huye de la compartimentación minimalista, prefiriendo el choque de trenes del color, la intensidad de la gama tonal, la fortaleza de lo evidente contenida en la propia estructuración. 

Su posición no es describir al modo costumbrista sino orientarnos a través de actitudes de paisaje, que revelan percepciones humanas, siendo producto de las vibraciones de la materia, de la capacidad potencial que posee el color como energía tangible. 

Sus colores cálidos, envolventes, dotados de una gran capacidad sensual, se enseñorean de la actitud en algunas de sus obras contenidas en la línea denominada Paisajes del Sur, buscando transmitir calidez, provocación, expresividad controlada al máximo, para, luego, desbordarse, invadiendo emplazamientos, composiciones, formas, colores, actitudes estructurales, casi sin control. Aunque, en el fondo, manteniendo las premisas que constituyen las bases sobre las que se asienta todo. Es decir que es expresionista,

pero siempre orientándose a partir de la existencia de conformaciones fundamentales que son las que determinan el sentido final, aunque no se sepa como ni cuando. Se trata de expresar cuáles son los medios, las vías de aproximación a las arquitecturas que, vistas desde el aire, parecen muy lejanas y distintas de su propia realidad que las

conforma.

No hay necesidad de subvertir el orden, porque este ya es de por sí, bien aplicado, una forma de subversión, dado que el ser humano por naturaleza es libre. De ahí que sus Sistemas Urbanos sean consecuencia de la dinámica efervescente de lo cromático, contenida en las formas, a punto de saltar hacia el espacio, que se revela como garantía de la sinergia de expresividades. 

Siempre hay un receptáculo para contener la fuerza desbocada, el maya incontrolado, que no va a ninguna parte. Para construir hay que deconstruir, pero, también, hay que tener imaginación, crear cosas nuevas, nunca mirar atrás, presentarse a nuevos retos, para que la propia idiosincrasia de los mismos nos devuelva a todos la serenidad del amor y la sensibilidad perdida.

Los Sistemas Urbanos están compuestos de una gran cantidad de materia, que es masa, densa, específica, que destaca por su grandilocuencia, por la facilidad en exhibir su contenido sin tener en cuenta las consecuencias. 

Exhibe la materia como norte, acentuando la fuerza del color, visionando aquellos rincones sublimes que todos conocemos pero que solamente algunos han podido ver.

Su obra de Sistemas Urbanos posee una consideración geométrica acentuada,

es expresionista, busca el gesto, aunque, a la vez, lo contiene, es determinante, porque su actitud también actúa de esta forma. 

No hay que ver las cosas desde una misma óptica siempre, sino aprender a ver, sin decir nada, pero actuar en consecuencia. Así es como se van conformando sus habitáculos, diversas compartimentaciones que nutren la estructura general, siempre vista desde arriba. Para ello se exige un notable conocimiento del cálculo y de las matemáticas, de la determinación de formas que crecen, la mayor parte veces de manera asimétrica, fruto de su surgimiento anárquico, a golpes, a rachas, en ocasiones, o bien más constante, es decir producto de planificación, que, en determinados momentos de la historia, también se dispara, descontrola y se evade. 

Los Sistemas Urbanos de Francisco Mora se producen a partir de la consistencia de la forma, surgida a partir del crecimiento urbano informal, especialmente destacado en aquellas urbes marcadas por el desarrollismo, la falta de recursos o bien por su serena determinación en constatar lo que existe como tal, sin intervenir, dejándolo todo fruto del azar. 

La aportación a la pintura contemporánea del artista plástico chileno se basa en la determinación en captar los movimientos formales, las bases en las que se reconocen sus actitudes geométricas, nutridas de efectos boomerang, dado que lo que sube,

baja y lo que baja, sube. No es igual, pero la propia pervivencia de la asimetría estructural ayuda a definir este territorio como complejo, dado que se aparta de los cánones habituales, ya que su investigación plástica no pretende presentar un orden minimalista, tampoco formas puristas y perfeccionadas, sino que exhibe toda la poesía del color, la sutil densidad de la materia, las facilidades desestructuradoras existentes debido a la acción del cromatismo combinado con la materia en estado puro. 

El problema principal de su visión descansa en el cómo se presenta a los demás, no en el modo de hacerlo.

La versatilidad de los compartimentos, la idiosincrasia de sus formas arquitectónicas se concentran en mitad de un paisaje que se autodefine a sí mismo, que se expresa con entera libertad, que se posiciona con la facultad de subvertir lo real, volviéndolo oficial, para luego, mostrar, sin tapujos, una conjunción formal marginal. No hay purismo, alma blanda y pura, sino el resultado de un crecimiento, en la mayoría de casos descontrolado, con gentes que están luchando por el día a día, nutridos de energías que suben y bajan, de amores y vibraciones, que son colores y formas.

 

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Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
 

 

 

 

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