Un vanguardista histórico con una excelente pinacoteca

Francesc Subarroca, el legado de la forma

 

 

Investigador del legado de la forma, que es quien predomina en su concepto estético, a lo largo de su extensa producción de estos más de sesenta años de creación contenidos en la Pinacoteca Subarroca, constituída en calle La Forja de Barcelona, donde el artista multidisciplinar catalán expone cerámicas, serigrafías, pintura, dibujo, escultura, vidrio y otras disciplinas. 

El denominador común de todo ello es la forma, entendida como parte de la arquitectura del paisaje de sus pinturas, como elemento aglutinador de sus composiciones plásticas, personajes, animales, objetos y utensilios. 

La forma en estado puro, abstracción directa, pero fragmentada. Pero la forma, en sí misma no es exactamente abstracta, porque define un espacio, delimita una zona, por lo tanto está describiendo un espacio, que se basa en un contenido estructurado, definido, que va más allá de su propia esencia, dado que posee carga energética e interactúa. Está claro que también considera a la forma como parte y componente de la base de la estructura que define su pintura, escultura, dibujo y serigrafías. 

Bucea en la interioridad de los elementos, en la facultad de ser coherente abstrayendo la forma, permitiéndose el lujo de emplearla a nivel figurativo, como en el caso del cubismo. 

Cada forma es parte de una composición, que viene definida por los elementos que no desestructura, de ahí que, en el fondo, su utilización de la misma, no obedece a un postulado estrictamente abstracto, sino que la emplea en función de una definición con referencias.

Es constante, busca la forma para fomentar la distribución de los elementos, para enaltecer la perspectiva, que es quien da sentido de armazón interno a lo creado. Un armazón que se fomenta a sí mismo, que se nutre de adjetivos paralelos, como, por ejemplo, planteamientos cromáticos, que son concebidos en difuminados, tonos intermedios que fomentan una visión agradable de la idea.

El legado de la forma es evidente, es parte de la posición compositiva que se nutre de diversas formulaciones, que se halla en lo más recóndito de la propia vida. Es decir que el legado de la forma es producto de su manera de ver la escenografía de la composición. 

La forma es volumen, arquitectura, armazón, estructura, en fin, da sentido material a la propia pintura. Mientras que el color es atmósfera, delimita el carácter, fomenta el onirismo, la expresividad o la naturalidad. Es el adjetivo dentro de un contexto dominado por la facultad de ser coherente con su trascendencia.

Para avanzar en el camino de la trascendencia espiritual y emocional, en ambos casos, primero, hay que tener los pies en la tierra, para conocer las limitaciones que nos envuelven. Después, con un sentido de la realidad asentado, podemos permitirnos ir más allá, debido a que nuestro propio proceso evolutivo hacia mayores cotas de conocimiento nos lo posibilitará.

El legado de la forma en la obra plástica del creador catalán pasa, en primer lugar, por ser considerada materia. Después, dicha materia, es decir dicha forma, pasa a formar parte de la superestructura, hasta tal punto que es la parte central icónica de un discurso que considera que lo fundamental en la existencia es la geometría. Por que la geometría forma parte inherente de todo lo existente y de ahí que las formas de los elementos geométricos sean los iconismos que permiten trascender todo.

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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