Pinacoteca Francesc Subarroca, un legado cubista y expresionista para la historia 

 

 

El legado de la Pinacoteca Francesc Subarroca abarca una propuesta multidisciplinar de gran calado, que se basa en más de 3.000 obras de pintura, dibujo, escultura, serigrafía, vidrio, plafones de madera y otras disciplinas. Un creador catalán muy prolífico, que siempre estuvo al margen de los circuitos comerciales del arte y que ahora da a conocer a la sociedad su aportación. 

Destacan dos etapas de su evolución artística: la expresionista y la cubista. En su etapa expresionista, elabora paisajes del Somorrostro, gitanos, austeridad del entorno, vegetación y chavolas, dentro de parámetros específicos, insertados en su propia eficiencia de la coherencia. 

Se trata de personajes producto de las circunstancias, libres, pero dentro de las limitaciones del entorno. La palabra libertad asoma entre los clanes y familias, seres que viven al aire libre, al margen de la dinámica urbana, en la ciudad pero al margen de ella. 

Esta visión de los marginados, que es el acercamiento expresionista del autor catalán a la propia vida, le marca, pero luego sigue evolucionando hacia un onirismo surreal alegórico, con paisajes rurales, árboles, visión de caracoles, con perspectivas de gran singularidad, empleando planos americanos y primeros planos, para acentuar la dinámica de la propia composición, de su desarrollo arquitectónico y espacial. 

El plano americano le permite buscar perspectivas, en las que juega con el lejos y el cerca, siendo original en la medida en que se interesa por establecer una dinámica de gran trascendencia. Y llega su investigación cubista, basada en la forma, en su desarrollo, en el emplazamiento de la desestructuración de la realidad. Una realidad que cambia, porque se desplaza, viajando a Colombia, volviendo a Barcelona, viviendo durante años en un pequeño poblado en América, en compañía de sus habitantes al margen de todo, pero conectado con el todo. Porque Francesc Subarroca es un artista que es notario de su tiempo, certificando la evolución, viendo paisajes, personas, elementos y objetos, clases sociales, circunstancias y situaciones. Pinta todo lo que le motiva y le llega al alma: desde animales, gitanos, personas de todas las clases sociales a niños, golondrinas, globos, caballitos de cartón, pelotas de juego. 

Se adentra en los mundos infantiles, en la ingenuidad de la niñez, pero sin representarla, solo utilizando símbolos que la recuerdan. 

Su obra cubista es un repaso de toda su vida, que oscila desde su voluntad de comprender y hallar, de vivir y conectar hasta su decisión de dejarse ir y ser él mismo. De ahí que encontremos instantes de ingenuidad, otros más agresivos, también hay ensoñadores recuerdos, porque mitifica el pasado, enaltece los tiempos que han sucedido, catapultando vivencias a la categoría de dioramas. Además, hay anécdotas, instantes que no se olvidan, pero que trascienden mucho más fuera de su contexto.

El cubismo de Francesc Subarroca plantea la realidad fragmentada, en la que cada fragmento es independiente, pero, a la vez, se armoniza con el resto de la composición.

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 

 

 

 

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