Francesc Subarroca, una mirada expresiva del Somorrostro

 

 

El creador multidisciplinar catalán, nacido en Barcelona, cuya pinacoteca con sede en calle La Forja de la Ciudad Condal, aglutina una gran parte de su desconocida obra porque, a lo largo de su existencia se ha mantenido al margen del circuito comercial del arte, posee en una parte de su dilatada creación una mirada expresiva del Somorrostro. 

Una zona de la Barcelona mítica que refleja en su obra pictórica, realizada en óleo sobre tela, escenarios al aire libre, barracas, trozos de madera con estructura de casa, fragmentos de materiales adaptados a espacios y arquitecturas que son la civilización en el campo, la voluntad de los seres que persiguen vivir con la armadura del cobijo, gitanos, mujeres de mirada ausente, profunda, concentrada en su interior, que refleja su origen oriental, su expresión de otras culturas, que poseen un fondo específico. 

Los gitanos de la zona le denominaban ‘el pintor’, aunque nunca pintaba directamente a ‘plein air’. 

Sus ojos observaban más allá de la forma externa, porque contemplaban el interior de los seres que poblaban las zonas singulares del Somorrostro, derivando sus intereses hacia los laberintos del alma. Luego, más tarde, en su estudio pintaba de memoria, basándose en unas actitudes, en determinadas referencias, captando la idiosincrasia del momento, pasada por el tamiz del recuerdo, de ser fiel a la realidad, para adaptarla a sus emociones. De ahí que se alejara de la misma.

El hecho de no fotografiar ni tomar apuntes, convierte a sus ojos en objetivo fotográfico, encaminados hacia los prolegómenos de lo sugerido, para adentrarse en la esencia de la realidad, sin describirla. Pero, sin retroceder ni un ápice en los parámetros de la presencia de los objetivos trazados de antemano. 

Eran los años cincuenta, en plena posguerra, década marcada por el chabolismo, las barracas y su mirada profunda de los suburbios de una Barcelona plagada de personajes reales dignos de una película de cine negro y también del cine neo-realista italiano y español. 

Su obra de este período está influida por el expresionismo, marcado por el color verde, tonos marrones y amarillos, inoculando a sus personajes, gitanos de las zonas deprimidas y abandonadas de una Ciudad Condal que recién salía de la desesperación de la guerra, del sufrimiento y del deshonor, se convierten en hitos humanos de una nueva ciudad que alumbra tímidamente su cara hacia el futuro. 

Francesc Subarroca, domina el dibujo, la perspectiva, los retratos, la composición y la escena, concentrándose en el dominio del espíritu anímico, empleando el pincel con rapidez, buscando el carácter del gesto, hallando el ritmo, la determinación de la energía, la concentración evidente en la composición, para proyectarse más allá de los límites de lo contemplado. No describe, sino que profundiza en el sentimiento de la zona, casi como si fuera el reflejo de una sociedad distinta, correspondiente a una cultura que, aunque se muestra con determinación, es el reflejo de un cambio que se comienza a vislumbrar. 

El Somorrostro, los ojos de una Barcelona alejados de una realidad modernista, que se adentra en la mixtura de razas, en la aportación oriental, en el fenómeno de la diversidad de culturas, buscando desenredar su laberinto. 

No renuncia a nada, porque no busca expresar la estética por el mero hecho de ser exótico, sino que emplea el ojo observador, el suyo, para adentrarse y comprender la verdadera esencia de la vida, que es arte en sí mismo. De ahí que sus personajes del Somorrostro posean una naturalidad expresiva, contundente, pero, a la vez, una visión casi ausente de su propia materialidad. Es decir que se fija en su aspecto externo, pero para adentrarse en lo anímico. 

Dibuja una situación compositiva real, a partir de personajes, que son estados de la conciencia, que se configuran como símbolos, para ser entendidos como iconos de una realidad que es múltiple, pero que está definida y localizada en Barcelona, aunque, fuera de ella. 

Ser testimonio de la Barcelona desconocida le conduce a comprender la voluntad de ser artista por sí mismo. No solo porque se mantiene al margen de los circuitos comerciales del arte, sino, también, porque, lo más importante, es que pinta por coherencia

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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