Pinacoteca Francesc Subarroca, un legado de más de 3.000 obras 

 

 

La Pinacoteca Subarroca, constituida recientemente por el pintor catalán, con sede en calle La Forja de la Ciudad Condal, aglutina más de 3.000 obras de diferentes disciplinas: pintura, dibujo, grabado, vidrio y escultura, entre otras. Este ingente patrimonio, destaca por ser el legado de un pintor que, desde sus inicios, se ha mantenido al margen del circuito comercial, porque su función principal ha sido, en primer lugar, adentrarse en la espontaneidad de lo creado, a partir de sus propios intereses personales, elaborando una teoría de la prodigalidad del dinamismo, contenido en su expresionismo realista, o bien en su obra alegórica simbolista, de cariz surreal, formada por paisajes envolventes, formas que son ensueño y elegancia, gesto y cinetismo puro hasta llegar al cubismo ingenuo, a la geometría elaborada. 

Sincrético, fusiona un lenguaje de la luz y el color muy bien elaborado, con una precisión el dibujo muy evidente, pero sin caer en el detalle descriptivo, profundizando en un cubismo energético, concebido en espiral. Una espiral imaginada, producto de la mente fantástica, pero real en el sentido de ser consecuente con lo creado. 

La energía es espiral, concebida en espiral, dado que la transformación de la materia surge de la dinámica y del movimiento, de ahí que la espiral no se vea pero se intuya. Desde que se acostumbró a contemplar los personajes, paisajes, chabolas y tierras esquilmadas del Somorrostro, Francesc Subarroca, pinta por sus ojos, a través de sus ojos, empleando la imaginación, partiendo de la realidad, pero, enfrascándose en sus prolegómenos, sin interesarle ir hasta el final, porque considera que lo insinuado es más misterioso que narrar la trama hasta su desenlace.

Su producción escultórica está basada en la forma geométrica, en la construcción alegórica, en la determinación de la propia estructuración. 

Homenajea el símbolo de la forma, dándole la categoría de tótem, de amuleto erigido en honor a los dioses, a los interiores de cada uno de nosotros, como recordatorio del gran Dios. Un Dios especial, pero sin adjetivos, porque no está cubierto de oropeles, ni falsas imágenes. También realiza iconos modernos, expresionistas, constituidos por personajes que solo conocen secretos de ellos y sus más allegados. Quieren llegar a ser alma, historia de amor, sensaciones fluctuantes, que entienden los silencios de los que ascienden por las escaleras de la historia. 

Soledad, capta la soledad de quienes formamos parte de la tierra. Es un creador plástico solitario, encerrado en su mundo, hermético, sutil en la manera de trabajar el color, mezclando bien la paleta, dominando muy bien el dibujo, expresando primeros planos, exhibiendo perspectivas enfocadas desde diferentes ángulos, equilibrando y desequilibrando la evidencia de la presencia. 

Domina la perspectiva, compone el plano, se recrea con los volúmenes, posee una capacidad cinematográfica de emplazar tanto elementos, objetos, estructuras y perspectivas. Todo ello realizado con naturalidad, casi sin levantar la mirada, como si fuera producto de una manera de actuar automática, pero, con la diferencia, de que surge de su corazón. 

Está claro que va más allá de la planitud, busca la tridimensionalidad, ejerciendo incontestablemente esta potestad al margen de conceptos, istmos y épocas. Esta tridimensionalidad volumétrica es inherente en todas sus disciplinas, siendo la pintura una de las más espectaculares.

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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