Los personajes de Francesc Subarroca, la realidad diversa y la fantasía desplegada

 

 

En la Pinacoteca de Francesc Subarroca, a través de sus diferentes etapas: expresionista, surrealista-alegórica, cubista, neo-expresionista y geométrica, destacan sus personajes, símbolo de la época que le ha tocado vivir. Desde los gitanos y gitanas del Somorrostro, pasando por escenas de la Corrida, el torero, seres como el arlequín, la mujer-niña, la pareja de enamorados, una gran variedad de rostros femeninos, rostros masculinos serios, curtidos por el paso del tiempo, otros surgidos del pensamiento, también de la soledad, se combinan con seres más normales, cotidianos. Asimismo señalar los representantes de oficios: Campesinos, agricultores, pescadores, obreros, muchos de ellos elaborados con grandes rasgos físicos, destacando más que por su gran corpulencia por su magnificencia, es decir por su mitificación. En efecto, los mitifica, no al modo de los carteles del frente Republicano en la pasada Guerra Civil Española, pero sí dentro de un grafismo de gran elegancia, que potencia sus rasgos dentro de un contexto sutil, flexible, olvidándose de las penurias, buscando ascender en la categoría de mundos representados, pretendiendo consolidar un posicionamiento formal bello. Entendiendo como bello su culto continuo a una belleza subliminal, que se inocula a través de los poros de los personajes que forman parte de la propia consistencia de la evidencia. ¿Y cual es la evidencia? El descubrimiento de que la vida es tan sencilla como compleja.

Gestos, líneas sugerentes, sin ángulos, sin rectas agresivas, personajes que parecen flotar, por su humanidad, buscando conexiones con la idealización del ser humano, porque, en el fondo, parecen estar más allá del bien y del mal, aunque dentro del panorama del planeta tierra, sirviendo a intereses específicos de quienes formamos parte de la propia singularidad que nos conforma.

Viajamos a través de la línea de conceptos, por eso los personajes de Francesc Subarroca son testigos de su época: pescadores fuertes, de manos y facciones ampulosas, obreros altos, campesinos sacrificados, niños de clase bien de facciones avanzadas, casi entradas en años, pero no por edad, sino por fortaleza dentro de su finura de rasgos. Todo ello dentro de paisajes que oscilan, permutan, transforman y bailan al son del compás del viento del cambio. 

Exhibición de palmeras, presencia de árboles del Mediterráneo, Catalunya, de una Barcelona que se define como distinta, ciudad que no es modernista, sino que es producto de su afán por encontrar aquello que es vital, situado más allá de la anécdota histórica de siempre. 

Su idea cubista de la existencia bebe de las fuentes de la energía, de la transformación de la materia, de los sentimientos, que son, en definitiva, quienes hacen posible que la temática cambie, adopte una determinada personalidad y hablando de ésta, presente una gran variedad y profusión de personajes.

Sus personajes son como los cuadros que aun están por colgar, siempre esperando una selección que nunca llega, pero, cuando esto ocurre, la sangre circula por sus venas con la presión adecuada, activándose con precisión, porque el teatro de la vida está servido.

  


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 


 

 

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