Del 18 al 30 de abril de 2006 expone en el Palacio de Congresos de Madrid
        

Raúl Apausa, escultor de las formas y las estructuras en movimiento

      
Raúl Apausa indaga en los prolegómenos del dinamismo de la forma, que muestra estructurada, pero, a la vez, suelta, casi sin marcar, pero, por otra parte, sujeta a la realidad, como si dialogara consigo misma, en un interminable baile de indicaciones y acepciones. Muestra con entusiasmo comedido, con ilusión controlada, la expresividad de la dinámica formal, que se basa en exhibir la composición, suelta, flotante, como si de un puzzle se tratara, pero, al mismo tiempo, sujeta por ejes que unen madera y piedra, en un mismo contexto, mostrando la fuerza de la expresividad, la imaginación de la forma, el cromatismo singular de la insinuación, casi tenue, sutil, indeterminada, percibida como si fuera un mundo primitivista, natural, basado en la naturaleza. Todo ello contando con estructuraciones de diverso signo que recuerdan la fuerza del gesto, del material suelto, casi sin ataduras, pero bien trabajado, contenido, dominado, incluso en aquellas esculturas más gestuales, liberándose de prejuicios, de indeterminaciones formales, porque, lo importante y más básico, es la manera de hacer constar la propia realización de la envergadura de la composición. De ahí que sus obras oscilen del gesto y suavidad general de líneas de la madera perfilada como ente volumétrico dinámico, a la estructuración geométrica compositiva, sublimada, en el sentido de presentar esculturas estructuradas, pero, a la vez, libres, con los elementos basados en las formas geométricas elementales: cuadrado, rectángulo, círculo, semi-círculo, combinadas con una gran sutilidad, en el sentido de pasar de puntillas, como manteniéndose elegantemente al margen de lo hierático, de la creación más estática, por que su poética abstracta se centra en la sutilidad del movimiento, en la oscilación de la madera, a pesar de poseer puntos de apoyo sutiles, casi insinuantes, pero constantes, firmes en lo ingrávido. 
Muestra una dicotomía que se repite de manera constante, que se instala en la evidencia de lo sutil, porque en lo evanescente descansa la constatación de la determinación. 


Es un amante de la construcción, pero, a la vez, de la composición entendida como ejercicio libre, abierta a la imaginación más sutil, a la austeridad de lo matérico, en el sentido de considerar lo formal en lo específico. 


La madera, aunque también la piedra, están tratadas de manera austera, pero no excesivamente, dado que, en algunas de sus realizaciones incorpora color, exhibiendo la potencia del cromatismo en la composición formal geométrica, fomentando la agilidad del movimiento en formas posicionadas en distintas zonas de la composición. Se trata de buscar la preponderancia del color, que es materia, porque constituye por sí mismo esencia y ésta integra la propuesta completa de la escultura que toma posiciones en el campo geométrico sutil, casi ingenuo, nutrido de formas que recuerdan temáticas, que evocan planteamientos de lo sugerente, pero que no olvidan sino que son el resultado de la vinculación de la naturaleza con la efervescencia del mundo imaginario de seres que pueblan la mente del artista castellano.


Indaga en lo sencillo, para mostrar con elocuencia la complicación de la composición laberíntica, pero sin ser compleja, dado que lo universal es un conjunto de sensaciones que emanan de lo creado pero también de lo existente pero no evidente.

 

 


Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

 

 

 

 

 

 

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