VOLVER  >>>

 

 

Francisca Blázquez, “Vivir en una rama”
Exposición de Francisca Blázquez en Logroño, Hotel Husa Gran Vía, 14-09-2006

 

 

Quisiera vivir en la rama de un árbol, dormir como el colibrí, para reír y soñar, hasta que una ola bañara mi esperanza de vivir en libertad.Cogiendo los rojos y acariciando la sonrisa del negro, entre el amarillo, el verde, el azul, que me subieran al infinito, donde el vuelo quedara en equilibrio, como la “Dimensión Volátil” que plasmara Francisca Blázquez en el horizonte del fuego, y con los fríos del cielo, alumbrando velas amarillas y descansando en el blanco giratorio.Como si estuviese en el cilindro de la libertad, donde ni vecinos, ni enemigos, ni guerras, ni culebrones, afectaran la tranquilidad de un instante de felicidad iluminado por la luz del sur.


Francisca Blázquez sube y baja el color como una noria. Amontona la creatividad como los verdes aceituna cuando los tamiza la zaranda; juega y se divierte creando embrujos plásticos junto a las formas, que llegan de la lejanía de Vassarely, Sempere o mejor de Malevich . En algunas obras, ambos se besan plásticamente, aunque Blázquez lleva la modernidad que deja el tiempo, evolucionando hacia el siglo XXI y habiendo sido testigo del pasado.


Crea y recrea la atmósfera y el ambiente de las nuevas tecnologías. Por eso lleva el arte a su máximo esplendor. Anuncia el futuro estando en el presente. Regala armonía sin cesar a los muchísimos seguidores que tiene en el universo, y también se manifiesta como artista informática, dejando una huella cada amanecer, sencilla y humilde. Es una maestra del mundo del Arte, entre formas que suenan a música de Mahler o lecturas de Wladimir Holan. Enciende la composición iluminando el espacio que ocupa, transitando entre barcos de papel o aviones de cualquier enamorado del espacio.


El espacio es su ser y así lo plasma, destacando su originalidad por un mundo de fantasía.
Sus cuadros desprenden aire limpio, como si estuviese en constante vuelo, derramando racimos de personalidad para el espectador, que en silencio la escucha (a su pintura y a sus obras).


Abanicando el viento entre cirios, que no se apagan con el vaivén de los materiales que usa, navegando en el trébol de tres hojas, y encontrando la suerte de ser ella misma entre los surcos de naturaleza viva, como su obra, que está recién nacida cada temporada


“Líneas” New York Los pájaros han anidado en los negros de las líneas, donde Blázquez compone las formas de los capullos, en espera de que vuelen las mariposas que se habrán transformado en el espacio.
Los negros de la primavera anidaron como las golondrinas, entre los óvalos alargados. Es como si Fernand Lèger durmiese en brazos de Rothko, pensando que la felicidad del hombre está en ser él mismo, donde se acabó el consumismo, y que a nuestro cerebro le animaran los colores, subiendo la moral de la divina Geometría que existe en el universo.


En el cuadro Líneas de 120x100 cm., la mística de la autora sube el émbolo, adaptando el pensamiento del espectador para consolarse con la paz, de la que tan necesitados estamos y con ello conseguir la conversión del racionalismo en un futuro más libre.


La magia del violeta


Vassarely aterriza en otro siglo, en la morada de los violetas que Blázquez construye con la habilidad de una maestra generosa, donde una vez más el espacio negro deja ausente el pensamiento del visitante de sus obras, emulando a Mark Rothko en la capilla que pinta de negro para la meditación del hombre, donde la confusión está perdida y las balas se dirigen a los inocentes (mujeres y niños, o al revés, qué más da, el mundo ha perdido el norte), y ella demuestra que es fácil dialogar con los pueblos, con los azules de la tranquilidad, y los violetas que las mariposas y las abejas tejieron en sus nidos para seguir vivas en el horizonte del habitante de nuestra tierra.


“Formas” Quisiera entrar dentro del rosco y gritar al cubo, y sentir la sensación del placer de ser acariciado por los violetas, que resuelve Blázquez en maravillosas alas de gaviota. Y así sentirme tan querido como en el seno materno, que está tan alejado de mí, y que Francisca consigue reclamar a las pupilas de los seres sensibles. Y jugar con la esfera roja, con los grises y los negros, dando al cubo el color amarillo de los narcisos amorosos, tan escasos en la especie del calor humano.Y desarraigado, quiero repartir placer para la mirada, anidando en el cilindro, sobre el gris, con la composición equilibrada en el placer de su ser. Gracias te doy Francisca por ser generosa con tus clientes plásticos.


19 de abril de 2006



Rafael Aguilera Baena

Doctor en Bellas Artes

 

 

 

 

   

© 2005-2006  www.franciscablazquez.net 

  Contacto

 

 

 

 

  

 

© 2005 - 2017  Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra de Francisca Blázquez, dibujo, pintura, escultura, joyería, animación digital,

stands, instalaciones, diseños, fotografías, etc. aún citando la procedencia

 

 www.franciscablazquez.net

 

Aviso Legal