VOLVER  >>>

 

 

 

El desarrollo espiritual lumínico de la geometría espacial de Francisca Blázquez
Exposición de Francisca Blázquez en Logroño, Hotel Husa Gran Vía, 14-09-2006

 

 

La obra dimensional de Francisca Blázquez se basa en el dinamismo de la geometría cósmica, aquella que forma parte del espacio, entendido como tal en toda su infinitud, tanto el espacio interior como el exterior. El espacio interior es el espacio o lugar de meditación de uno mismo, es decir nuestra propia conciencia, mente y espíritu. Mientras que el espacio exterior corresponde a las dimensiones que existen, bien sean constatables en el plano de nuestro mundo, como también aquellas dimensiones paralelas y lejanas que existen pero sin que las percibamos de forma natural por nuestro cerebro. Aquí es donde entra el inconsciente, la intuición, la capacidad para entender aquello que no se ve pero que existe. Está claro que la dinámica dimensional se refleja a través de las formas geométricas que representa la artista multidisciplinar madrileña, en todos los órdenes, empleando el color y sus diferentes tonalidades para incidir en su energetización. 

Francisca Blázquez desarrolla una dinámica espiritual sugerente, a partir de voluntades y actitudes, conceptos, formas geométricas y colores. ¿Y por qué es espiritual? Lo es porque, realmente, se basa en la capacidad de trascendencia de las formas que configuran su mundo y los diferentes mundos que se hallan en el espacio infinito. De ahí que resalte mundos lejanos, otros inventados, los más producto de su imaginación,

planetas de luz, formas geométricas que son el resultado de la propia idiosincrasia de la energía que las contiene. 

Parte de la premisa de que la energía existe, porque la materia es energía, la forma es energía, nosotros somos energía, el espacio es energía, la luz es energía, las ideas son producto de la energía. ¿Y qué es la energía? Es el combustible que permite el proceso de continuo cambio en el que nos hallamos todos los seres vivos, desde las plantas, vegetales, animales, minerales, objetos creados por el propio ser humano, los elementos que componen la tierra y el universo entero, además del hombre y la mujer. Pero, también, el cosmos, se halla en continua expansión, las galaxias se alejan, aproximan y chocan, al igual que las estrellas, asteroides y planetas. La lluvia de meteoritos augura un cambio. Una posible acción exterior incidiendo en la órbita de otro planeta. De ahí que la verdadera espiritualidad exista en función del cambio constante, de la dinámica de las ideas y oraciones. Cada persona es un mundo, cada mundo es una dinámica espiritual diferente, cada dimensión existente corresponde a un grado de conocimiento. Quien viaje por las distintas dimensiones se supone que posee un gran potencial de conocimiento interior, de crecimiento en sí mismo, basado en su propia dinámica, en su actitud diligente ante la propia vida. Somos energía, cambio, acción, dinámica; nuestra mente es variación, fuerza, determinación, actitud de ser para ir más allá de lo que nos limita. La existencia es la fuerza de la energía en transformar la materia y en transformarse a sí misma. 

La autora madrileña, creadora del Dimensionalismo en 1998, investiga la forma geométrica en estado puro, producto del desarrollo espiritual lumínico de la geometría espacial, percibiendo la trascendencia de la misma, en el sentido de comunicarnos su capacidad de luz, su poder para regenerarse por completo, en el sentido de indagar más allá de la anécdota de la propia estructura que la define. Es decir que su obra geométrica es espíritu puro, en el sentido de que conecta con la luz espiritual, cuando está en estado latente, canalizando las ideas que le son transmitidas. Ideas puras, sin límites, con evidentes planteamientos existenciales, en el sentido de que lo que expresa existe porque la propia cualidad de purificación de la forma así lo exige. Existe la luz, entendiendo como tal la energía espiritual, que nos permite ir más allá de las limitaciones físicas de nuestra vida. De ahí que, sus naves espaciales, ingenios voladores, objetos lumínicos, cilindros de luz, paisajes siderales, esferas luminiscentes, calidoscopios cromáticos, lunas, soles y estrellas, formas poliexagonales, composiciones estéticas espaciales, representaciones de viajes astrales, objetos voladores, luces cromáticas, luz difusa, luz luminiscente, arco iris espiritual, sean una constante en sus obras geométricas dimensionales. Halla en las dimensiones paralelas la explicación más compleja de lo simple contenido en la forma geométrica. 

La existencia es luz espiritual. Todo es energía, que se convierte en luz, y que, a la vez,

es el paso previo al conocimiento de lo espiritual, de la constatación del espíritu y de la idea de la trascendencia en sí mismo. Porque todo lo que existe es producto del desarrollo espiritual lumínico. El problema es cómo utilizar la energía lumínica, sea directamente o convirtiéndola en otra forma de más fácil utilización. En un día claro, la luz solar que inunda los campos representa una tremenda cantidad de energía y las plantas saben utilizarla por medio de la clorofila, sustancia que les confiere el color verde y que es un convertidor de energía lumínica a energía química. Las moléculas de clorofila tienen una estructura tal que pueden absorber la energía de la luz. Al absorberla aumenta su contenido de energía y quedan capacitadas para romper las moléculas de agua de su entorno y desprender por un lado hidrógeno y electrones y por otro agua y oxígeno. Por consiguiente la energía no se crea ni se destruye, solamente se transforma. El rompimiento de las moléculas de agua en el interior de las células de la hoja determina una serie de reacciones que terminan con la síntesis de dos moléculas, el trifosfato de adenosina y el dinucleótido fosfatado de adenina. En estas moléculas se encierra la energía que la planta recibió de la luz. Ahora el vegetal ya dispone de suficiente energía química utilizable para sus trabajos de nutrición, crecimiento etc. 

La fotosíntesis consiste en pasar de energía lumínica a energía química. La fotosíntesis y la respiración son parte de un ciclo vital fundamental que explica el mantenimiento de la vida sobre la tierra. La energía de cualquier ser vivo no procede de la propia tierra sino del astro rey, o bien de una fuente luminosa en condiciones apropiadas dentro del denominado cultivo artificial. Incluso toda la energía que mueve naves espaciales, cohetes, aviones, coches, también provino del sol y fue fijada por vegetales que vivieron hace miles de siglos o centenares de años, porque la energía es indestructible. Siempre está en transformación. Y la energía es materia, en este caso materia cósmica, procedente de las diferentes dimensiones por las que viaja la creadora madrileña.

Mira el sol de frente, se asombra ante las puestas de sol, sube a lo alto de peñas y montanas para ver los reflejos del astro rey en otras cumbres y bosques. En los lagos se extasía con los reflejos lumínicos de un dorado resplandeciente en movimiento, al compás de sus aguas, que se reinventa a sí mismo. De la misma forma que las plantas, el ser humano, con su captación de la energía espiritual universal, halla el combustible necesario para mover las almas de la humanidad. 

En pleno siglo XXI, una artista creadora de belleza, en armonía con la naturaleza y el universo, se interesa por la trascendencia desde actitudes comprometidas y actuales. Es vivir el aquí y el ahora, porque viviendo el instante se construye el futuro y dotamos de coherencia al pasado. Por otra parte vivir el aquí significa apostar por una geometría dimensional compleja, de gran elaboración, de colores intensos, de arquitecturas que han superado la concepción tridimensional, aptas para avanzar en el conocimiento de las civilizaciones más avanzadas que sin duda existen en los miles de millones de galaxias. De ahí que la creación pictórica de Francisca Blázquez, elaborada en acrílico sobre tela y otros soportes, se instale en la dinámica del movimiento continuo, en las hipótesis que forman parte de la actual actitud mental de una humanidad que entra de lleno en la Era de Acuario, a pesar de las amenazas de colisión de Hercóbulus o teniendo en cuenta los cambios climáticos y las nuevas energías. 

El arte del siglo XXI y venideros se desarrolla a través de las propuestas de Francisca Blázquez, que van más allá de consideraciones de ciencia ficción, en el sentido de instalarse en la mente clara que guía el corazón tierno, iluminadas por la luz espiritual, por la energía del sol, por la actitud de quien ve sin necesidad de ver en un mundo de mundos que están ahí pero que están en uno.

 



Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

 

 

 

 

 

   

© 2005-2006  www.franciscablazquez.net 

  Contacto

 

 

 

 

  

 

© 2005 - 2017  Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra de Francisca Blázquez, dibujo, pintura, escultura, joyería, animación digital,

stands, instalaciones, diseños, fotografías, etc. aún citando la procedencia

 

 www.franciscablazquez.net

 

Aviso Legal