Participa en la exposición colectiva organizada en Galería Jorge Ontiveros de Madrid del mes de septiembre a inicios de noviembre del 2006

 

Francisca Blázquez, el encuentro del yo a través de la geometría

 

 

Francisca Blázquez indaga en el yo, en el interior de sí misma, en el estado de no conciencia. Se sumerge en un estadio en el que elimina cualquier percepción de actividad, la mente en el cero, la meditación se inicia, está con el todo, con la nada, la globalidad, el uno, con el magma universal. Es más, es magma en sí misma, porque entra en otra realidad donde no hay constancia de realidad.

Mira el sol, contempla las estrellas, observa el paso de los cometas, se sorprende ante la lluvia de estrellas, pero, a la vez, está en total estado de contemplación espiritual. Un estadio en el que desarrolla sus facultades de catalizadora y de artista plástica catártica, que conecta con la gran mente cósmica, con las vibraciones del más allá, de la propia dinámica de la transformación, de la evidencia de la reverberación magnética. No tiene voluntad de conectar con la dimensionalidad directamente en plan científico y experimental, sino que, lo hace con serena afirmación de su propia voluntad de trascendencia. 

No se implica en luchas políticas porque su cometido es otro, va más allá de lo social, es uno con ella y así lo expresa a través de su obra pictórica. De ahí que sus formas geométricas se hilvanen con el todo, cada una sea una parte, pero, en sí mismas, sean el todo, el uno, el vacío. 

Juega con la ilusión óptica de la forma, nutrida intensamente de color vibracional, de fuerte implantación electromagnética. Transmite vibración de gran nivel, de alto voltaje, de nítido magma energético. 

También su serie Dimensionalismo, como es producto constante y continuado de un año a otro, refleja sus cambios de humor, sus diferentes estados de ánimo, los momentos vivenciales, la influencia de la naturaleza, el paso de las estaciones, la sensibilidad del segundo. 

Nos muestra diferentes formas geométricas a través de su estadio de conexión con las deidades, entes de luz, profetas, o bien con el inconsciente y el consciente personal, la gran mente universal, las bolsas energéticas pertenecientes al pasado cósmico, las energías electromagnéticas del futuro construido por millones de pensamientos de la humanidad. 

Viaja a través de distintas dimensiones, unas físicas, en las que presenta formas concretas, determinadas, elaboradas con exhuberancia y presencia; otras, más singulares, es decir dotadas de la fuerza de la expresividad, derivadas de una actitud de elemental oración, de vibración sutil, encaradas hacia otros considerandos.

Cuando se olvida de las tres dimensiones más el tiempo y canaliza su creación pictórica a través de las propuestas de la diversidad espiritual sus formas se transmutan, se convierten en auténticos haces de luz, o bien expresan luz directamente. 

En otras ocasiones, son alegorías simbólicas de estadios espirituales, representados por una diversidad de propuestas cromáticas y formales, con predominio de los colores de tonos cálidos, envolventes, como los verdes intensos, los rojos pasión, la gama variada de violetas que nos introducen en estados de ánimo complejos y sensibles, en los que lo importante es captar la pureza del sentimiento. De todo ello se deduce un notable y evidente reencuentro del yo de la autora madrileña a través de la geometría. Por consiguiente se demuestra que la geometría es esencia, está sujeta a cambios, posee vida por sí misma, le influencian las vibraciones, la oración y la tecnología.

 


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte 

 

 

   

 

 

 

 

  

 

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