Un nuevo orden de la imaginación
      

La obra de Francisca Blázquez se inserta en esa corriente nacida a principios del siglo XX, de suprematistas, concretistas y neoplásticos, que optaron por un arte que negó toda referencia a la realidad y la expresión de la subjetividad, trabajando sólo con elementos pictóricos básicos, como formas geométricas y color.

¿Qué hay detrás de la cita actual a un movimiento que surgió en otro contexto histórico y social? ¿Qué nuevos aportes puede hacer un artista casi un siglo después? 

Tras la actitud de aquellos artistas rusos y holandeses, principalmente, había un sentimiento de disconformidad frente al mundo. La propuesta buscaba una pintura absoluta, liberada de cualquier referencia objetiva; una visualidad donde el orden racional y la armonía manifestaran una nueva realidad, alejada de la naturaleza y más cerca de la perfección tecnológica. Era un arte que buscaba forjar un futuro mejor, un nuevo orden universal. 

Un entusiasmo frente al progreso tecnológico había en estas utopías nacidas en países donde surgía además un fuerte movimiento político y social. También cierto misticismo, detrás de la belleza geométrica de las obras de autores como Kasimir Malevich o Piet Mondrian.

Entre los años 60 y 80, el legado fue retomado por los minimalistas que trabajaron con semejante visualidad, con la percepción pura, excluyendo todo valor asociativo, simbólico o intelectual en la yuxtaposición de elementos formales mínimos. En forma paralela al trabajo de escultores e instaladores, los pintores trabajaron la pintura con esa limpieza cromática y matemática, que llevaron al concepto de objeto, al jugar también con la disposición de la obra en el espacio.

Sin embargo, la cita posmodernista ya no viene con la esperanza de otro futuro, sino que se torna una referencia consciente, con una actitud escéptica frente a las utopías
1: se sabe que éstas son ilusorias.

Este es el contexto generacional en que surge la pintura de Francisca Blázquez. Centrada en el diseño ordenado de formas básicas, geometrías y linealidades, persiste el vacío espiritual, pero sin ese cierto cinismo de la cita histórica. Más bien con el deleite de armar juegos visuales puros, a partir del color y la neutralidad de imágenes que se remiten a sí mismas.

La visualidad pulcra y colorística con que juega la autora podría ser relacionada con el diseño (geométrico) digital. Sin embargo, Blázquez no abandona la tela ni el acrílico para trabajar con esa pulsión, ese espacio secreto de expresión única, que se genera entre la mano, el pincel y una tela en blanco.

Sus cuadros no nacen de procesos mentales, sino del impulso, abriendo una fisura dentro del orden y la aparente racionalidad, a la expresión de la emoción, la subjetividad, con una nota individualista que las vanguardias mencionadas rehuyeron.

Su lenguaje es ascético, pero sin el sesgo funcional de los estilos de antes. 

Aún sin referencias a la naturaleza, la autora trabaja con códigos que más bien parecen heredados de los futuristas de aquella misma época: líneas de fuga, vectores y perspectivas quebradas que configuran ritmos y movimiento; la curva, el plano, vértices y zonas de color, que remiten a profundidades y simultaneidad de espacios. Son sensaciones puras, dinámicas, sin la sensualidad de una pintura emotiva, pero con la ilusión de una nueva realidad, la del cuadro y la de otra dimensión.

Las imágenes que de esta forma arma, tras un juego de percepción visual, sugieren espacios arquitectónicos imposibles, zonas de energía, portales luminosos, pasadizos, paredes caprichosas, fuerzas que traspasan umbrales de color. Aunque es una pintura que se define exclusivamente en la superficie de la tela, a través de ordenamientos de elementos geométricos y pictóricos puros, el ánimo liberado en su ejecución permite la expresión de un mundo sólo concebido a nivel inconsciente por la autora, que aquí parece manifestarse sin otra finalidad que el deleite formal y creativo, de escudriñar en las formas y estructuras de un vasto universo abierto por la imaginación.

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Carolina Lara B.

Periodista y Licenciada en Estética

 

 

 

1Arte del Siglo XX”, de Karl Ruhrberg, Manfred Schneckenburger, Christiane Fricke y Klaus Honnef. Ediciones Taschen. Alemania, 1999.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

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