Francisca Blázquez... Nueva York y Buenos Aires en Torres de Xilica...

Xilica Ela (y Sexual Machines):..:

 

NUEVA YORK, JADITE GALLERIES - AÑO 2005.


Entraron a la Cámara C serie antigravitacionales adonde habitaba la dulce figura de una hembra tatuada por la noche.

Su cuerpo vivía en dos mundos. Uno de quien asomaba la cabeza por entre un orificio que a menudo la atrapaba en intensos bombardeos de imágenes y voces... en el otro espacio su cuerpo navegaba por entre la gravedad desvaída las más suaves caricias y halagos que su piel hubiese recibido jamás.
  
Escuchaba cantos de sirenas cual una suave ambición medida, arena de una leve espuma detenida.

Un perfil ni varia dimensión al ojo que vigila. Negra corona de lava.

Provenían del largo viaje por las suculentas categorías del racionalismo inevitable. Después de los tormentos de la sal desesperada abriéndoles los ojos. Agarrados a las algas de nitrógeno en crecientes emisiones.

Los veía un circuito integrado con micrófonos y un naxtor de 400.000 GB de 720000RPM que emergía correspondiente a metagamas de vibración azul. Por allí escaparían las definitivas texturas de quejidos y ayes de amor que su piel emitiría previas a un suntuoso grito lento de la muerte.

La máquina TW84212266 acomodaba permanentes visuales a nivel macro simulando un poderoso mundo virtual adonde la realidad parecía una quimera.

Cual tiesura de chocolate derramado su larga melena era una red de neones luscidentes abarcando el cielo. Sus algoritmos de búsqueda en procesamiento de lenguaje natural disponían bases de estrategia silenciosa. Sus labios emitirían controversias de Palladium en el centro de fúlgidas dicotomías.

Filtraciones de interfaces que interrelacionan generan un exceso de código cuando la luz 

alcanzaba proyección definitiva. Desde allí colgaba la voz para nadar en el silencio. El sigilo de las estaciones escritas en papeles amarillos. Rosa mojada la punta breve de sus pechos.

Subieron por su cuerpo rodeando las enormes sendas de epidermis y los olores sabrosos a humedades de conífera. Yacía abierta en verde bárbara sobre el espacio azul de cordillera. Pulsaciones erotónomas sobrevenían al ritmo de sus andares. Tiene restos de coral y esponjas en la rodilla izquierda, se dijeron, no sin aparente asombro. Descubrieron también figuras primarias en el campo de su biología.

Las enormes claves criptográficas de su destino se veían en pantalla. Los hechos púbicos en una multiseriedad de usuarios. Integrable al coeficiente de los antivirus la orilla negra de su iris permanecía abierta en pasmosa multiactividad en la vigilia.

Por un corto período la superficie se distribuye bajo una molécula estable de infrarrojos y subregiones espectrales. Bogaron por fundamentales con detectores sensibles en operaciones privilegiadas a posición de órbita cuando escucharon un eco de susurros y de ayes.

Su cuerpo desnudo en el centro del silencio y en la mitad de un mundo que sus ojos no veían. La dermis tierna en tesitura de papaya. Una de sus pieles morena otra pálida urdimbre de vainilla.

Más allá seda de dragones amarillos y dorados. La otra fúlgida rosácea de ojos negros tantas ella era, habitada por una de pixel y xilica.

Se lanzaron en significantes avances de eficiente observación en lo que parecía ser la colina redonda de sus muslos. Su sombra era absorbida adentro de radiaciones electromagnéticas.

Papeles de agua envolvían soles esporádicos plantados en su seno.

Fracturas de distancia los llevaron a incontables remolinos. No sabían si subir por las terrazas programables o entrar en las inminentes oscuridades de las proximidades.

Escalaron por entre la gigantalia de tejido blando cual una clitoria en condiciones superfrías.

Allí pudieron contemplar la asimultaneidad histórica de seres colgantes en supremo sacrificio muy cercanos al altar en forma de ondas de partículas individuales integrados a trenes magnéticos de micro gas fermiónico. No sabían en cual centralidad de fluidos sin resistencia se encontraban. Y, más allá, galerías inexplicables, torres multiformes de tejido blando, senderos de superconducción de rayos y lagos de componentes elementales.

Escuchaban desde el plano multiserial de condensado: 

Dulce cuando admiras lo que la sed reclama. Sutura de un deseo cosido por las venas, cuarta textura de la lengua. Dos pares de manos cintura de avena. Cocos dorados danzando la marea.

Cebra colgada de pimienta, suave paloma oliéndote las piernas.

Giraban alrededor de un recorrido de masa veinte veces más grande que un jalón de cálculo. 

Remontaron por una trayectoria de aromáticas evidencias en manojos de manzanilla. Para abatir la violenta deshidratación de velocidades hierbas de olor rodeaban sus piececillos frágiles.

Y luego escucharon voces derivadas de los multiecos y sombras:

Sentada encima del mantel de nieve. Volteas cuando abajo corresponde lo de arriba pues no tiene perfil ni varia dimensión el ojo que vigila. Oscura pena mil redes inflama.

Se derrite tu ombligo en un centro de hielo. La carne mata sin que la muerte ate tu pecho luna llena. Dulce cuando admiras lo que la sed reclama, Llamase lo que mira cuchillo rasgavelo entre las piernas. Turgente sal robada para vivir en lo azul de sus arenas.

Inevitablemente se deslizaron en barcas de luz por un túnel de líquidos fósiles. Sobre ellos, entre las mil gargantas de estalactitas multiformes, yacía la historia de lo recién vivido en siliconias frágiles. Era aquel uno de los tantos perfiles de Memorya muy cercano al Supremo Altar de la Felicidad, en uno de los centros radiales de la multiporalidad genética. De modo que allí podrían leer el inmediato pasado con su cuota de gravámenes y susodichos, aciertos y subordinadas postergaciones.

Prosiguieron por un par de recurrencias elípticas, tanto era el poder de las emanaciones. Pretendían creer, en el momento de desaparecer del espacio binario, que habían visitado uno de los centrus que los buscadores del santo grial llamaban el origen de la vida.

Aparecieron plantados en la torre de los silbidos de serpiente desde donde pudieron contemplar imágenes recurrentes en el punto donde los mares y los gases chocan unos contra otros. Se formaron allí astros azules entre nubes doradas. Donde Ela reclamaba pertenecer a las tribus en bandas luminiscentes de núcleo. Lo hacia posicionada en paradoja cuando veía lo que amaba y acariciaba lo que no sabia.


(Carta para los Amorosos Francisca Blázquez y Joan Lluís Montané)

       

   
Alberto Cerritos
Tercer Milenario 
Año 2005 
Puerto de Vancouver, Canadá. 

 

 

 

 

 

 

  

 

© 2005 - 2017  Queda prohibida la reproducción total o parcial de la obra de Francisca Blázquez, dibujo, pintura, escultura, joyería, animación digital,

stands, instalaciones, diseños, fotografías, etc. aún citando la procedencia

 

 www.franciscablazquez.net

 

Aviso Legal